Palabras de presentación del escritor cubano Omar González del libro Cuba, estampas de la resistencia, de Luis Hernández Navarro y Jair Cabrera, en el V Coloquio Internacional Patria, en La Habana, 17 de abril de 2026.

27 de abril de 2026 | Fuente: La Jornada

Como bien se ha dicho, estamos acá para presentar un libro, un libro que acaba de ser publicado, un libro que huele a nuevo todavía.

El título es Cuba, estampas de la resistencia, y sus autores son los periodistas mexicanos Luis Hernández Navarro, quien ha escrito los textos, y Jair Cabrera, que ha hecho las fotos que documentan de otra manera lo que Luis ha escrito. Esas imágenes consiguen un lenguaje propio y, de más está decirlo, propician otra lectura posible.

Para nosotros, los participantes en el Coloquio Patria, los autores son muy cercanos. Luis tiene una amplísima trayectoria que lo acredita como una de las voces más conocidas y prestigiosas del periodismo de investigación, el ensayo, el reportaje de hechos, situaciones y circunstancias, no sólo en México, sino en Latinoamérica y más allá. Por mérito propio, es Coordinador de Opinión del diario La Jornada, sin lugar a dudas el mejor de lo que lo que merece llamarse izquierda.

En su intensa vida, Luis ha estado vinculado a las luchas sindicales, sobre todo en los ámbitos del magisterio, en los que se le considera uno de los especialistas más agudos y avezados en todo México, donde los mejores maestros –no podía ser de otro modo— han sido inclaudicables e insobornables en sus justas demandas.

Muy cercanas a su devenir ciudadano han estado las luchas de los movimientos sociales o populares, como sería el caso de los actuales zapatistas. También ha sido parte o ha acompañado de manera comprometida, entiéndase militante, al proceso político y social del campesinado mexicano; en fin, a las grandes batallas por las mejores causas de nuestro tiempo, sin que falte en ellas la solidaridad con la Revolución cubana.

Foto: Marco Peláez | Omar González en La Habana

Luis es fundador de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y fue secretario de la Comisión de Seguimiento y Verificación de los Acuerdos de San Andrés.

Posee una amplia biobibliografía como autor vinculado a los hechos que analiza, describe o narra, que, por lo general, son los mismos que vive. Diríase, entonces, que es un autor más vivencial que libresco o especulativo.

Jair, por su parte, es un joven y exitoso fotógrafo y realizador audiovisual. En 2015, una foto hecha por él fue seleccionada por la revista Time entre las más importantes del año. Era la primera imagen de un cadáver ahorcado en un puente de la Ciudad de México a causa del narcotráfico. A Jair también debemos el importantísimo documental Cuba, un pueblo en resistencia, resultado de la experiencia compartida con Luis Hernández Navarro que diera lugar al libro que comentamos.

El libro en cuestión se inscribe en una hermosa tradición de obras dedicadas a Cuba. Como se sabe, existe una abundante literatura de corte testimonial, una amplísima filmografía, un periodismo –no hablo de libelos- muy bien documentado y analítico, obras de teatro, una cancionística, una herencia cultural que tiene a Cuba como tema dentro de la literatura y el arte, particularmente en Latinoamérica y, específicamente, en México, donde tan bien se la quiere. El libro de Luis y Jair se inscribe en lo mejor de esa práctica histórica, no obstante tratarse de una obra de urgencia y por encargo, en este caso de La Jornada. Y es, además y sobre todas las cosas, una pieza en la cual prima la más sincera intensidad humana.

Como Luis es un lector voraz, en su libro encontramos, generalmente disimuladas, citas y referencias a textos de la literatura universal. Cuando Rosa Miriam Elizalde cita a Sartre en la breve y enjundiosa presentación que escribe, lo hace con conocimiento de causa, pues Luis había leído a fondo el reportaje Huracán sobre el azúcar, inspirado en la experiencia del propio Sartre y de Simone de Beauvoir con la Revolución cubana, en 1960. Aún más, Luis conoce prácticamente toda la obra escrita y difundida del renombrado intelectual francés, quien estuvo acompañado por Fidel Castro durante buena parte de su recorrido por la isla, en aquel segundo viaje a Cuba, ocurrido en los albores de la Revolución.

Pero la historia es recurrente. El día 29 de febrero de 2026, el presidente Donald Trump, dio a conocer la Orden Ejecutiva 14380 con la que decretaba el bloqueo petrolero a Cuba. Ese mismo día Luis me escribe desde México y me dice que el periódico lo está enviando a La Habana, a partir del lunes 2 de febrero, para hacer un reportaje. Y agregó: “Mi enfoque (…) es contar lo que vive la gente en la calle, y mi eje es la nueva Numancia.” Por diversas razones, Jair y Luis no pudieron llegar el lunes, pero sí estuvieron el miércoles 4 de febrero en horas de la tarde, y su visita de trabajo se extendió hasta el lunes 9 poco más allá del mediodía. La misma noche de la llegada nos encontramos Rosa Miriam, ellos y yo, y Luis, en gesto de singular confianza, nos expuso el plan y las indicaciones precisas que tenía de Carmen Lira, la directora de La Jornada.

El viaje fue de una productividad paradigmática, incluso para el periodismo que hacemos en Cuba, generalmente en condiciones materiales muy difíciles. Trabajaron noche y día en función de los diferentes soportes y formatos que posibilita la gran plataforma del periódico. Publicaban simultáneamente testimonios, crónicas, reportajes fotográficos, reels, e investigaban y recorrían buena parte de La Habana y su periferia, a oscuras, en semipenumbras, al amanecer, durante las madrugadas, a medianoche, a pie, en autos ahorradores. Incluso, fueron hasta la termoeléctrica “Antonio Guiteras”, caballo de batalla del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), ubicada en las afueras de la ciudad de Matanzas. Y todos los días, reitero, sin excepción, publicaron en La Jornada un despacho emitido desde La Habana, y a veces más de uno. Aún, en la cubierta de la versión digital del periódico, se mantiene el enlace que permite acceder al documental Cuba, un pueblo en resistencia (https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/23/mundo/documental-cuba-un-pueblo-en-resistencia), dirigido por Jair Cabrera, y la solidaria convocatoria, firmada por decenas de reconocidos intelectuales, activistas, periodistas y otros ciudadanos mexicanos titulada El destino de Cuba no nos es ajeno (https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/10/politica/el-destino-de-cuba-no-nos-es-ajeno), con el propósito de acopiar fondos para adquirir medicamentos, insumos y equipos destinados a la isla. Previamente, el periódico había publicado el llamamiento de artistas e intelectuales cubanos a sus colegas del mundo conocido como Cuba no es una amenaza (https://www.jornada.com.mx/2026/02/16/politica/005n1pol). Ante tales muestras de atención y apoyo, que habría que complementar con otras muchas acciones –entrevistas al Presidente Miguel Díaaz-Canel Bermúdez (https://www.jornada.com.mx/2026/03/27/mundo/018e1mun), a numerosos intelectuales y diplomáticos cubanos, por ejemplo–, es justo expresar que la labor desplegada por La Jornada para informar y mostrar la verdad de Cuba frente a los efectos del bloqueo de Estados Unidos, no tiene parangón en la historia de la prensa internacional. De ahí que un segundo volumen de Cuba, estampas de la resistencia, pudiera ser posible.

Vincularse, reflejar lo que el pueblo piensa, lo que siente, el impacto del cerco económico en la cotidianidad de los cubanos y establecer de algún modo ciertas analogías con la Numancia que conocimos en clases o estudios de Historia, evocada más de una vez por el líder de la Revolución cubana, fueron las directrices de la misión de Luis y Jair en La Habana. Entre las similitudes, por supuesto, no estaba la apelación al suicidio por parte de los numantinos actuales, lo que comporta una diferencia radical, además del tiempo de asedio y resistencia entre la Cuba resiliente de hoy y la otrora población celtíbera del año 133 a, C. en Castilla y León, España. Mas lo esencial de este libro es que refleja cabalmente el poderoso símbolo de la resistencia, la valentía y el heroísmo de un pueblo entero que resiste creativamente el asedio imperialista sin doblegarse ni perder la ternura.

Además de los expuestos inicialmente por Luis, a este libro se le incorporaron otros ejes de sostenimiento y proyección, como pudieran ser el de la dimensión solidaria y el de la coherencia conceptual. Es una obra que, a mi modo de ver, expresa el alto grado de conciencia social de los cubanos, su identidad nacional y su arraigado humanismo.

Es un libro que no vacilaría en calificar de relevante hecho cultural, donde se refleja no sólo la capacidad de resistir, sino la de renacer continuamente. No es un libro triste, sino un estudio antropológico sobre la tenacidad, el estoicismo y la alegría de las cubanas y cubanos de todas las generaciones actuantes. Es un libro donde sobresalen la historia patria y la fe. Fe en la victoria, en la tradición de lucha y en la propia historia de Cuba. Una fe que se transmuta en determinación consciente y que convoca al sacrificio desde la esperanza cierta; a la vida, no a la muerte. Es un libro donde se advierte fácilmente la cohesión interna de la sociedad cubana, donde triunfa el amor y no el odio, donde se manifiestan orgánicamente el internacionalismo y el antimperialismo cuasi genético de los cubanos. Es un libro coral, en el que se escuchan 45 voces diferentes, incluyendo evocaciones y parlamentos de múltiples entrevistados, citas de Fidel Castro, por ejemplo, recurrencias a José Martí, a Jean Paul Sartre o a un personaje de ficción como Iván Karamazov, debido a la imaginación y la cosmogonía ancestral del irrepetible novelista ruso Fiódor Dostoievski.

Y en esa polifonía de oralidades, se dejan oír las voces de Aynara, una niña de proverbial locuacidad, que se refiere al impacto del bloqueo en sus compañeros de estudio, en su escuela y en su generación; las de los ingenieros, directivos y trabajadores eléctricos de la Central “Antonio Guiteras”, que luchan diariamente, junto a los de otras plantas similares del país, por reducir los apagones y evitar una nueva caída total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN); las de los y las cooperativistas agropecuarios de la “Antero Regalado” y la “Niceto Pérez”, cuyos cultivos languidecen por falta de regadío o se pierden después de la cosecha sin poder llegar a los mercados de la ciudad por la falta de combustible para transportarlos; las voces de los pobladores de la comunidad urbana “Manuel Isla”, “donde la solidaridad y el apoyo mutuo son claves para sortear las dificultades.” Los médicos, niños enfermos, familiares acompañantes y paramédicos de la sala de Oncopediatría del Instituto de Oncología y Radiobiología” de La Habana, quizás uno de los reportajes más conmovedores de este sobrecogedor libro.

Pero la historia es recurrente. El día 29 de febrero de 2026, el presidente Donald Trump, dio a conocer la Orden Ejecutiva 14380 con la que decretaba el bloqueo petrolero a Cuba. Ese mismo día Luis me escribe desde México y me dice que el periódico lo está enviando a La Habana, a partir del lunes 2 de febrero, para hacer un reportaje. Y agregó: “Mi enfoque (…) es contar lo que vive la gente en la calle, y mi eje es la nueva Numancia.” Por diversas razones, Jair y Luis no pudieron llegar el lunes, pero sí estuvieron el miércoles 4 de febrero en horas de la tarde, y su visita de trabajo se extendió hasta el lunes 9 poco más allá del mediodía. La misma noche de la llegada nos encontramos Rosa Miriam, ellos y yo, y Luis, en gesto de singular confianza, nos expuso el plan y las indicaciones precisas que tenía de Carmen Lira, la directora de La Jornada.

El viaje fue de una productividad paradigmática, incluso para el periodismo que hacemos en Cuba, generalmente en condiciones materiales muy difíciles. Trabajaron noche y día en función de los diferentes soportes y formatos que posibilita la gran plataforma del periódico. Publicaban simultáneamente testimonios, crónicas, reportajes fotográficos, reels, e investigaban y recorrían buena parte de La Habana y su periferia, a oscuras, en semipenumbras, al amanecer, durante las madrugadas, a medianoche, a pie, en autos ahorradores. Incluso, fueron hasta la termoeléctrica “Antonio Guiteras”, caballo de batalla del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), ubicada en las afueras de la ciudad de Matanzas. Y todos los días, reitero, sin excepción, publicaron en La Jornada un despacho emitido desde La Habana, y a veces más de uno. Aún, en la cubierta de la versión digital del periódico, se mantiene el enlace que permite acceder al documental Cuba, un pueblo en resistencia (https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/23/mundo/documental-cuba-un-pueblo-en-resistencia), dirigido por Jair Cabrera, y la solidaria convocatoria, firmada por decenas de reconocidos intelectuales, activistas, periodistas y otros ciudadanos mexicanos titulada El destino de Cuba no nos es ajeno (https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/03/10/politica/el-destino-de-cuba-no-nos-es-ajeno), con el propósito de acopiar fondos para adquirir medicamentos, insumos y equipos destinados a la isla. Previamente, el periódico había publicado el llamamiento de artistas e intelectuales cubanos a sus colegas del mundo conocido como Cuba no es una amenaza (https://www.jornada.com.mx/2026/02/16/politica/005n1pol). Ante tales muestras de atención y apoyo, que habría que complementar con otras muchas acciones –entrevistas al Presidente Miguel Díaaz-Canel Bermúdez (https://www.jornada.com.mx/2026/03/27/mundo/018e1mun), a numerosos intelectuales y diplomáticos cubanos, por ejemplo–, es justo expresar que la labor desplegada por La Jornada para informar y mostrar la verdad de Cuba frente a los efectos del bloqueo de Estados Unidos, no tiene parangón en la historia de la prensa internacional. De ahí que un segundo volumen de Cuba, estampas de la resistencia, pudiera ser posible.

Vincularse, reflejar lo que el pueblo piensa, lo que siente, el impacto del cerco económico en la cotidianidad de los cubanos y establecer de algún modo ciertas analogías con la Numancia que conocimos en clases o estudios de Historia, evocada más de una vez por el líder de la Revolución cubana, fueron las directrices de la misión de Luis y Jair en La Habana. Entre las similitudes, por supuesto, no estaba la apelación al suicidio por parte de los numantinos actuales, lo que comporta una diferencia radical, además del tiempo de asedio y resistencia entre la Cuba resiliente de hoy y la otrora población celtíbera del año 133 a, C. en Castilla y León, España. Mas lo esencial de este libro es que refleja cabalmente el poderoso símbolo de la resistencia, la valentía y el heroísmo de un pueblo entero que resiste creativamente el asedio imperialista sin doblegarse ni perder la ternura.

Además de los expuestos inicialmente por Luis, a este libro se le incorporaron otros ejes de sostenimiento y proyección, como pudieran ser el de la dimensión solidaria y el de la coherencia conceptual. Es una obra que, a mi modo de ver, expresa el alto grado de conciencia social de los cubanos, su identidad nacional y su arraigado humanismo.

Es un libro que no vacilaría en calificar de relevante hecho cultural, donde se refleja no sólo la capacidad de resistir, sino la de renacer continuamente. No es un libro triste, sino un estudio antropológico sobre la tenacidad, el estoicismo y la alegría de las cubanas y cubanos de todas las generaciones actuantes. Es un libro donde sobresalen la historia patria y la fe. Fe en la victoria, en la tradición de lucha y en la propia historia de Cuba. Una fe que se transmuta en determinación consciente y que convoca al sacrificio desde la esperanza cierta; a la vida, no a la muerte. Es un libro donde se advierte fácilmente la cohesión interna de la sociedad cubana, donde triunfa el amor y no el odio, donde se manifiestan orgánicamente el internacionalismo y el antimperialismo cuasi genético de los cubanos. Es un libro coral, en el que se escuchan 45 voces diferentes, incluyendo evocaciones y parlamentos de múltiples entrevistados, citas de Fidel Castro, por ejemplo, recurrencias a José Martí, a Jean Paul Sartre o a un personaje de ficción como Iván Karamazov, debido a la imaginación y la cosmogonía ancestral del irrepetible novelista ruso Fiódor Dostoievski.

Y en esa polifonía de oralidades, se dejan oír las voces de Aynara, una niña de proverbial locuacidad, que se refiere al impacto del bloqueo en sus compañeros de estudio, en su escuela y en su generación; las de los ingenieros, directivos y trabajadores eléctricos de la Central “Antonio Guiteras”, que luchan diariamente, junto a los de otras plantas similares del país, por reducir los apagones y evitar una nueva caída total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN); las de los y las cooperativistas agropecuarios de la “Antero Regalado” y la “Niceto Pérez”, cuyos cultivos languidecen por falta de regadío o se pierden después de la cosecha sin poder llegar a los mercados de la ciudad por la falta de combustible para transportarlos; las voces de los pobladores de la comunidad urbana “Manuel Isla”, “donde la solidaridad y el apoyo mutuo son claves para sortear las dificultades.” Los médicos, niños enfermos, familiares acompañantes y paramédicos de la sala de Oncopediatría del Instituto de Oncología y Radiobiología” de La Habana, quizás uno de los reportajes más conmovedores de este sobrecogedor libro.

Palabras de presentación del escritor cubano Omar González del libro Cuba, estampas de la resistencia, de Luis Hernández Navarro y Jair Cabrera, en el V Coloquio Internacional Patria, en La Habana, el 17 de abril de 2026.