SENTIRES VENEZOLANOS

RUMBO A CARACAS. CARABOBO, EL SAHARA Y LA INDEPENDENCIA DE LOS PUEBLOS

Por Vocesenlucha

“Dos siglos después de la batalla de Carabobo, el Reino de España no es el que fue pero sigue concibiendo al mundo por categorías. A las grandes potencias del Norte las venera y se inclina servil y comedido ante ellas mientras desprecia y somete a los países del Sur participando en el despojo 4.0 mediante alianzas de guerra y destrucción”.

19 de junio de 2021. En algún lugar sobre el Atlántico

Dos años después, desplegamos las alas del viento para planear de nuevo rumbo a la hermana República Bolivariana de Venezuela. Rumbo a un país en guerra, junto a un pueblo que cometió el pecado de soñar con el socialismo sobre las mayores reservas estratégicas de petróleo del planeta.

Estreno mi pasaporte recién renovado, libre de sellos “del mal”, con la estampa, “mire usted”, de uno de los países más tóxicos del planeta, según el baremo mediático-corporativo de toxicidad internacional. Un “Estado fallido”, “al borde del desastre”, “un pueblo hambreado” con un gobierno siempre a punto de caer pero que nunca cae. Ni bloqueo, ni golpes blandos, ni asonadas militares, ni autoproclamados, ni invasiones hollywoodenses, ni intentos de magnicidio. Pese a los esfuerzos, el insistente coyote no logra acabar con el maltrecho correcaminos. Debe ser porque los caminos de la dignidad no están escritos en ninguna tabla de ley imperial.

Hablando de dignidad, nos vienen a la cabeza las recientes entrevistas a las voces del pueblo saharaui, que siguen batallando mediante todas las formas de lucha por lo mismo que luchan todos los pueblos dignos: por tierra y libertad, soberanía y autodeterminación. Con las suelas todavía manchadas de arena tras caminar durante dos semanas los caminos de la estepa castellana en la Marcha por la Libertad del Pueblo Saharaui, navegamos los aires del Atlántico para participar en el Congreso Bicentenario de los Pueblos. ¿Bicentenario de qué? El próximo 24 de junio se cumplen 200 años de la emblemática batalla de Carabobo, que consolidó la independencia de Venezuela. ¿Independencia de quién? Esta batalla asestó la derrota definitiva a un ejército real de un decaído Imperio español.

Dos siglos después de la batalla de Carabobo, los pueblos peninsulares que, solemos decir, tuvimos nuestro Quijote pero no nuestro Bolívar, no hemos podido librarnos de reyes ni coronas. Muy a nuestro pesar y más allá de la ficción cabelleresca, la realidad es que avanzado el siglo XXI, continúa la saga real -enredos de palacio incluidos- heredada de los antecesores que cayeron derrotados en América Latina por los ejércitos patriotas. Hoy, lejos ya de ser un imperio, ese mismo espíritu le hace a España agarrarse como puede a las desatadas botas de otro imperio, el más grande que han visto los heridos ojos de la historia.

A punto de embarcar, mirando mi inmaculado pasaporte, observo un detalle que mi anterior compañero de viaje no tenía: sobre la foto se leen unas letras que dicen mayúsculas: Reino de España.

Dos siglos después de la batalla de Carabobo, el Reino de España no es el que fue pero sigue concibiendo al mundo por categorías. A las grandes potencias del Norte las venera y se inclina servil y comedido ante ellas mientras desprecia y somete a los países del Sur participando en el despojo 4.0 mediante alianzas de guerra y destrucción como la Organización del Tratado del Atlántico Norte, pilotada por la América imperial.  

Ayer fue el imperio español, hoy el norteamericano. Ese mismo imperio “made in USA” tuvo y tiene una gran responsabilidad en la lamentable situación en que se encuentra el Sahara Occidental y su legítimo pueblo. En noviembre de 2020 regresó al Sahara la guerra asimétrica que enfrenta al ejército popular del Frente Polisario con el Ejército Real de Marruecos, con apoyo y asesoramiento militar nada menos que de EEUU e Israel. En un reciente artículo contábamos cómo “documentos de la CIA desclasificados en 2019 revelan el proyecto geoestratégico de Estados Unidos para sacar a España del territorio [en 1975]. El todavía príncipe Juan Carlos, alertado, negocia con el secretario de Estado Henry Kissinger la entrega del Sahara a cambio del apoyo estadunidense al futuro rey. Moribundo el dictador, Juan Carlos asume la jefatura del Estado y firma un pacto secreto con Estados Unidos y Marruecos. Consumada la traición, el hoy rey emérito va al Sahara y defiende ante sus tropas el derecho del pueblo saharaui a ser libre. `No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo´. Cuatro días después, la Marcha Verde entra a territorio saharaui con miles de colonos respaldados por el ejército marroquí. Las tropas españolas dejan hacer; atónitas, cumplen órdenes”[1]. El vecino Reino de Marruecos, otro fiel vasallo de EEUU, desde entonces, tiene colonizado al Sahara practicando una violencia cotidiana y feroz contra los saharauis, ocupando, condenando al exilio, asesinando, levantando un muro de la vergüenza plagado de minas antipersona. Como nos contaba un compañero saharaui durante la marcha, “España nos dejó tirados después de robar y saquear nuestros bienes naturales”. Sin respetar los protocolos internacionales de descolonización, entregó el Sahara a cambio de un pedacito del pastel comercial que antes controlaban. Según la ONU, el Estado español sigue siendo la potencia administradora del Sahara. Los sucesivos ministros de exteriores de la interior “democracia” se lavan las manos y ni la derecha fascista, que con golpe en el pecho todavía en ocasiones grita desgañitada “¡Sahara español!” ni la socialdemocracia con sus mecanismos de solidaridad asistencialista, dan muestras de mover un solo dedo por resolver un conflicto olvidado como el del Sahara Occidental.

Esa misma socialdemocracia liderada por el PSOE, en gobierno “de coalición” con la ninguneada Unidas Podemos, es la que colaboró en la huida del prófugo de la justicia venezolana Leopoldo López, paladín de la versión más fundamentalista de la criminal derecha venezolana, responsable de violencia y muerte por doquier. Mientras la Marcha por un Sahara libre caminaba sorteando sendas, caminos, lluvias y hasta garrapatas hacia Madrid, el presidente “Pedro el guapo” se reunía con el bueno de Biden. Los pasillos de la sede de la OTAN en Bruselas fueron testigo de un encuentro informal de menos de un minuto donde no se habló ni del Sahara ni de Venezuela. De haber tenido horas, ¿lo habrían hecho y en qué términos?, no lo sabemos, pero de veras que no es difícil intuirlo. Según el presidente español, hablaron de reforzar la colaboración militar y actualizar el acuerdo bilateral en materia de defensa. Nos deja más tranquilos.

Los procesos históricos de la República Bolivariana de Venezuela y de la República Árabe Democrática Saharaui son incomparables. El Sahara es un territorio ocupado por Marruecos y gran parte de su población vive en el exilio o en diáspora. Mientras Venezuela trata de defender su Patria y su territorio, el pueblo saharaui lucha por recuperarlo. Sin embargo, a ambos pueblos les une ser víctima de la guerra y la agresión imperialista. Comparten enemigo. Pero fundamentalmente comparten la lucha por soberanía e independencia. Comparten altas cotas de dignidad. Como en toda guerra, el papel de las armas tiene su rol. Ambos pueblos disponen de una fuerza militar que ha demostrado ser leal al pueblo. Nos guste o no, sin esa opción, ambos pueblos serían carne de cañón del imperialismo. Por eso, en este Congreso Bicentenario de los Pueblos, el Sahara, Venezuela y cientos de delegaciones de países de los 5 continentes, nos encontraremos sin más armas que la palabra para armar ese futuro posible y necesario donde no haya imperios que impongan guerra y violencia a los pueblos.  

200 años después de la heróica batalla de Carabobo, Bolívar sigue vivo en el pueblo por el cual luchó. Pese a las criminales medidas coercitivas, pese a ser víctima de una guerra híbrida, multipolar o de cuarta generación, el bolivarianismo sigue vivo en el cuerpo crítico de un pueblo que sabe distinguir dónde se sitúa el enemigo y a qué tipo de guerra juega.

Desde esta trinchera, dado que de imperios anda el juego, mientras podamos, seguimos alzando el vuelo rumbo al Sur, al lado de los pueblos oprimidos. En esas bregas, nos toparemos con amigos y enemigos. Trataremos de comunicar el relato de los primeros para seguir combatiendo a los segundos.


[1] Vanessa Pérez y Raúl García, La lucha por la vida del pueblo saharaui, La Jornada, 7 de marzo de 2021

Publicado en Rebelión, ContrahegemoníaWeb, Tercera Información