«No es casual que la derecha nos robe continuamente las palabras. Lo que hacen es cambiarles el significado y utilizar el lenguaje nuestro a su favor, para tratar de dejarnos sin repertorio propio»

24 de abril de 2026 | Fuente: La vida en orsay

LA SALIDA ES POR IZQUIERDA

“Si cantara el gallo rojo/otro gallo cantaría”. Canción republicana española.

El gobierno de los hermanos Milei está en descomposición. No solo porque las clases populares ya no pueden soportar su situación económica, ni porque lo que ellos llaman “la economía”, donde no incluyen a las mayorías, sino a la élite dominante, es un fracaso que se sostiene atada con el alambre que le presta Donald Trump, sino también porque está enredado en una red de corrupción inocultable.

Una red donde están atrapados casi todos/as y aunque judicialmente logren zafar, por ahora, es tan evidente que hasta algunos de sus más fieles periodistas ya empiezan a soltarles la mano.

El peronismo, del que hace rato solo queda el nombre, no ofrece más que enfrentamientos internos y en todo caso una propuesta, más tibia que nunca, de hacer que el capitalismo tenga un rostro humano. Algo que, la historia demuestra una y mil veces, es imposible. Y lo es, porque el capitalismo es un sistema económico intrínsicamente injusto, basado en la explotación de las clases trabajadoras, por parte de una minoría dominante. Y como sistema de vida el dinero tiene más valor que las personas. Por eso el neoliberal Murray Rothbard, discípulo de Van Mises, dos autores a los cuales plagia habitualmente Javier Milei, defiende el “mercado de niños”. Dice que el padre, como propietario de sus hijos, tiene derecho a transferirlos a terceros, darlos en adopción, o puede vender sus derechos sobre sus hijos, en un contrato voluntario. Y afirma en su libro “La ética de la libertad”: “eso puede crear un floreciente mercado de niños”.

Como se recordará, el mismo Milei defendía el “mercado de niños” en su primera campaña como candidato a presidente. Poco después dejó de decirlo porque, seguramente, le informaron que eso le restaría votos.

AHORA, LA IZQUIERDA

“Gallo negro te lo advierto/no se rinde un gallo rojo/más que cuando está ya muerto”. De la canción republicana española.

Diluido el llamado peronismo, en caída libre el gobierno de Milei, el Frente de Izquierda en Argentina, aparece como la única opción verdadera. Poco a poco fue ganando un lugar de respeto en el campo popular, ya que siempre está acompañando las luchas de resistencia en la calle, en las fábricas, en la universidad y en cualquier lugar que se presente. Y su presencia en el Congreso sirve como altavoz de los reclamos de las clases empobrecidas.

Ante tantas agachadas y sometimientos vergonzosos de políticos supuestamente opositores, para votarle a Milei proyectos degradantes, los legisladores de izquierda mantienen una coherencia y un compromiso inalterable con las mayorías oprimidas.

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por distintos motivos que no viene al caso detallar en este artículo, la izquierda a nivel mundial, fue perdiendo su radicalidad. Se creyó que, rebajando el contenido del discurso, podría tener mayor convocatoria. Y que, introduciéndose en el sistema, tal vez sería posible adecentarlo.

Por lo tanto, dejó de ser izquierda y pasó a ser social-democracia. En otras palabras, a formar parte del capitalismo con la intención de hacerlo un poco más soportable. La idea era ganar votos como “lo menos malo”.

No se habló más de la lucha de clases, de explotadores y explotados, de socialismo, etc. Como si ya no existieran las clases, ni la explotación y el socialismo fuera un imposible.

Para resumir, esa idea de hacer un “capitalismo serio” como decía Cristina Fernández, lo que consiguió es hacer un capitalismo más feroz. En todo caso, hubiera sido preferible un capitalismo en broma.

En consecuencia, es alentador que la izquierda actual, en Argentina, no haya rebajado “ni un tantito así” el contenido de las palabras para analizar la situación, partiendo de las necesidades reales y actuales y proponga una sociedad fuera del capitalismo Una sociedad que hay que construir junto a todos los que rechazan el capitalismo, de abajo hacia arriba y no al revés. Nunca los cambios reales a favor de los “nadies” (Galeano) se hicieron desde arriba, sin la participación colectiva.

LA MILITANCIA DE LAS PALABRAS

No es casual que la derecha nos robe continuamente las palabras. Lo que hacen es cambiarles el significado y utilizar el lenguaje nuestro a su favor, para tratar de dejarnos sin repertorio propio. No es lo mismo democracia para nosotros que para la derecha. Ni justicia, ni libertad, por ejemplo. Qué quieren decir ellos cuando dicen democracia: votar cada tanto y no participar en absoluto en las decisiones que atañen a nuestras vidas. Para eso, dicen, están los legisladores que elegimos. Bastaría con recordar a los de la UCR que votaron en contra de su proyecto para aumentar las jubilaciones, o los gobernadores peronistas que votan constantemente a favor de Milei. Y en todo caso, ¿por qué no nos consultan nunca, esos supuestos representantes nuestros?

Para Milei y otros mequetrefes neoliberales, la justicia es una aberración (concepto que plagió a Hayek y von Mises).

El capitalismo, además, sacraliza algunas palabras y demoniza otras. Para ellos comunismo es usada, todavía, para asustar. Socialismo es algo imposible y malo. Asamblea es lo mismo que desorden o subversión. Y entre las sacralizadas, figura en primer término capitalismo. “El capitalismo no se discute”, dijo Alberto Fernández. También “el mercado”, como símbolo de la libertad, e inversores como personas buenas que solo quieren poner su dinero para ayudarnos a progresar. Y propiedad privada como un valor absoluto. Ni siquiera el cristianismo tiene ese concepto de la propiedad privada. Lo decía el papa Francisco. Mucho antes, en el origen, dijo San Ambrosio “la naturaleza ha creado el derecho a la propiedad común y la violencia/iniquidad humana ha creado la propiedad privada”; la Populorum Progressio de Pablo VI y muchos otros documentos. Hablamos de la propiedad privada de los medios de producción, detalle que la derecha no suele aclarar.

Es sumamente importante que el empobrecido entienda las causas que lo empobrecen y que no es su culpa serlo. Es importante que sepa que es posible y deseable construir otro tipo de sociedad, donde la libertad de cada uno empiece con la libertad del otro. Que no somos libres si todos no lo son.

Es el momento de la izquierda cuyo principio fundamental, para mi modo de entender, es hacerlo CON y no PARA.

Es el momento de la esperanza. De volver a creer que es posible.

La seguimos.

*Ángel Cappa es exfutbolista argentino, entrenador, licenciado en Filosofía y Psicopedagogía, escritor y autor con Marcos Roitman del libro "Fútbol y política. Conversaciones desde la izquierda" (ed. Akal)