
¿HAY QUE IR AL MUNDIAL DE EE.UU.?
Por Ángel Cappa
«En principio no hay ninguna posibilidad de negarse a jugar en un país que bombardea a otros países, mata civiles a mansalva, secuestra y asesina mandatarios según le parece y se erige en una especie de sheriff del mundo»
14 de abril de 2026 | Fuente: La vida en orsay
Es una cuestión muy difícil de resolver. Si vamos a los antecedentes hay muchos acontecimientos deportivos que se disputaron en países violadores de los derechos humanos, delante de dictadores asesinos como Hitler o la Junta militar argentina, en Catar y en otros muchos lugares por el estilo.
El mundial de fútbol que se jugará próximamente, lo organiza la FIFA, como todos. Pero en este caso, el presidente de la organización es un tipo especialmente comprometido con el negocio, al que no le importa absolutamente nada que no sea dinero. Hasta le dio a Trump, uno de los terroristas más temidos del mundo actualmente, un premio de la paz, nada menos, que inventó para el caso. Es decir, Infantino deja de lado cualquier escrúpulo y va directamente a lo que le importa, la plata. Llegó con la promesa de adecentar la FIFA y resultó que en su mandato se incrementó la corrupción que resulta mucho peor lo que era con Havelange y Blatter.
Hay otros países, además de EE.UU, que serán sedes también: Mexico y Canadá. Y competirán 48 países, lo que deportivamente resulta una exageración, un despropósito solo explicable desde la ambición personal de Infantino, que de ese modo recaudará más dinero y se asegurará una mayor cantidad de votos para futuras elecciones.
Los futbolistas de élite, que ya llegarán sobrecargados de partidos, tendrán que soportar una carga extra. Los espectáculos, por lo tanto, disminuirán la calidad, también por la manifiesta desigualdad entre las selecciones más potentes y las que jugarán un papel poco más que decorativo, al menos hasta las rondas decisivas.
¿HAY QUE IR A EE.UU O NO?
Para que las selecciones renuncien a participar en EE.UU. tendrían que ponerse de acuerdo. Totalmente imposible, como es de suponer con certeza. Lo más directo sería que los jugadores se negaran a jugar en EE.UU. cosa también imposible. Si fuera un campeonato femenino habría alguna esperanza, porque ya dieron muestra de que son capaces de exigir lo que les corresponde y de tener mayor compromiso con los derechos que los dirigentes.
Es decir, en principio no hay ninguna posibilidad de negarse a jugar en un país que bombardea a otros países, mata civiles a mansalva, secuestra y asesina mandatarios según le parece y se erige en una especie de sheriff del mundo.
POR QUÉ NO HAY QUE IR
Porque sería pasar por alto el comportamiento criminal contra los pueblos de los países que ataca militarmente. Porque no respeta en absoluto las leyes y derechos internacionales. Porque se apoya exclusivamente en su poder armamentístico, para imponer su prepotencia. Porque es una amenaza para toda la humanidad, poniéndola al borde de una terrible catástrofe. Y porque sería darle un aval a un matón delirante como Trump, que se lleva al mundo por delante.
POR QUÉ HAY QUE IR
En principio digo que, como el mundial tiene otras sedes, se podría jugar el mundial, de todos modos, obviando a EE.UU.
Digo también que el mundial de fútbol es un acontecimiento que, en estas circunstancias, sería una pausa ante tanta tensión y tanto temor, para vivir un momento de alivio y de alegría, que tanta falta hace.
Porque la utilización que harán Trump y sus secuaces, será breve como ocurrió en otras ocasiones similares. No suele ir más allá de lo que dura el evento.
Quiero decir que la gente no cambiará su opinión de la barbaridad que está haciendo el gobierno estadounidense, por más que Trump se cuelgue de los ganadores, como hacen siempre los gobernantes dictadores y los no dictadores.
Porque una cosa es el gobierno de EE.UU y otra su gente, su pueblo.
En definitiva y como se puede comprobar por lo que he escrito, yo no lo tengo claro y por lo tanto tampoco definida mi opinión.
Lo bueno sería debatirlo en todas partes, con la participación de los hinchas, aficionados y todos los que quieran. Y que la decisión final sea colectiva.
Por ahora, que cada uno piense y opine por su cuenta. Pero sería bueno exigir ese debate.
La seguimos.
*Ángel Cappa es exfutbolista argentino, entrenador, licenciado en Filosofía y Psicopedagogía, escritor y autor con Marcos Roitman del libro "Fútbol y política. Conversaciones desde la izquierda" (ed. Akal)





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