«Contener la guerra multiforme en su vertiente cognitiva es la tarea más urgente luego del dolor, la sangre, el humo y los escombros. Defender la verdad de Venezuela también es una obligación de quienes militan con el internacionalismo y la solidaridad de los pueblos.»

15 de enero de 2026 

A 10 días de la operación de agresión imperialista contra Venezuela, que terminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada y primera combatiente Cilia Flores, además de causar la perdida de vida de más de 120 personas y decenas de heridos entre civiles y militares y daños de infraestructura, tenemos algunos elementos que nos permiten analizar y tratar de entender lo que pasó y compartir, hasta donde es posible, un balance muy general.

Es importante identificar cuál ha sido el papel jugado por cada uno de los actores involucrados en esta circunstancia y valorar el comportamiento interno e internacional frente a un acontecimiento que, ciertamente, representa una situación a la cual el país nunca había sido sometido. En realidad, ningún país de América Latina, ninguna capital suramericana había sido objeto de una operación militar tan brutal y directa por la principal potencia militar imperialista del mundo en más de 200 años. La doctrina internacional prohíbe expresamente este tipo de acciones unilaterales de guerra. Entonces, la dimensión de lo que pasó en Venezuela el pasado 3 de enero, tiene todavía y seguirá teniendo muchas repercusiones. También muchas dudas a ser aclaradas. Sin embargo, también podemos decir que tiene algunas conclusiones.

La primera es que este es el primer acto de aplicación de la doctrina de seguridad nacional anunciada hace pocos meses por la administración de los Estados Unidos y la demostración de que América Latina y el Caribe efectivamente será y es el objeto central de la ambición imperial y necesita hacerlo lo más rápido posible para asegurar ese control que le permita ganar ventaja ante su enemigo principal que es China. El “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe dejó caer sobre Venezuela su carga de violencia y muerte, demostrando su cinismo y sangre fría.

Por Venezuela poseer las principales reservas de petróleo del mundo, tener una ubicación geográfica y geopolítica clave en el frente norte del mar Caribe, además de una infinidad de recursos estratégicos para la actividad económica del sistema capitalista mundial y especialmente para la guerra en curso, es el más preciado botín en la ambición colonial estadounidense. Y un dato fundamental para entender esta operación es lo que representa derrotar un proyecto político de soberanía y autodeterminación que se sostiene hace más de 25 años, que con sus idas y vueltas y sus contradicciones es, junto a Cuba, la principal frontera que impide que la región sea totalmente controlada por la agenda estadounidense.
Entonces lo que pasó en Venezuela tiene dimensiones muy difíciles de cuantificar internamente, más allá del dolor, la pérdida y del impacto que está teniendo sobre la dinámica de un país que los últimos tres años ha mostrado elevados índices de crecimiento y equilibrio económico, paz y estabilidad institucional que es sentido y valorado por la población en general. Quienes estuvimos estos días en Venezuela pudimos vivir el impacto que significa una operación de tal magnitud en un país que estaba en calma y paz y que nunca había sufrido un ataque de esas dimensiones. Acompañamos el sentimiento de impotencia e indignación. Internamente eso todavía va a tener repercusiones en un tiempo largo porque no será fácil haber presenciado, haber sido parte de una operación brutal de agresión y terrorismo como la que vivió Caracas y otras ciudades de Venezuela.

Quienes estábamos ahí, especialmente los que viven en las regiones que sufrieron ese ataque, no solamente sufrieron de forma material, sino además sufrieron un profundo impacto psicológico, emocional y moral. La dimensión de lo que pasó es demasiado grande como para pretender a 10 días tener un balance claro y especialmente serio sobre las dimensiones de lo que representa y representará.

El segundo elemento que es importante concluir es que a pesar de que el gobierno venezolano aguardaba una operación militar en cualquier momento, nunca previó que esa operación implicaría un ataque de tal magnitud: aviones, helicópteros, misiles y drones en el corazón de la ciudad de Caracas. Más de 150 naves y aeronaves militares desplazadas dentro y fuera del territorio. Neutralización de todos los sistemas de comunicación y defensa. Desprotección de millones de habitantes de la capital de la república y otras regiones del país. Aún no se sabe cuánto personal militar y de inteligencia de los Estados Unidos se desplazaron para esta operación de guerra frente a un país que dormía. Todo este escenario culmina en el secuestro y traslado a territorio estadounidense del presidente de la república y a la primera combatiente.

Esa acción por supuesto que influyó en la respuesta y organización del gobierno en las primeras horas del día 3 de enero. Confieso que había muchas incógnitas sobre cuál sería la reacción y el orden de los acontecimientos. Sin embargo, el gobierno no solo se recompuso rápidamente en términos de su organización interna, sino también respecto del procedimiento establecido constitucionalmente, lo que impidió un vacío de poder y darle a la vice presidenta Delcy Rodríguez, la función constitucional de presidenta encargada, adoptando junto al gabinete todas las medidas para la continuidad del poder ejecutivo, hacer un balance de la situación y tomar las acciones inmediatas para mantener el país activo y responder de manera rápida al impacto de la operación violenta.

Como ha reiterado la propia presidenta encargada y varios interlocutores del gobierno, decisiones han tenido que ser tomadas sobre la marcha. Algunas de ellas incomprendidas o no necesariamente aceptadas o entendidas. Posiblemente cuestionadas respecto del impacto de más largo plazo, pero la urgencia de recomponer el país y de prepararse para evitar una nueva acción militar que implicaría mayores pérdidas de vida y daños que no se podrían dimensionar en este momento, obligaron a la adopción de dichas medidas.

El gobierno tiene tres prioridades inmediatas claramente expresadas y que se observan en la práctica desde quienes estuvimos ahí, pero también desde afuera del país. La primera prioridad es poner en orden el país y evitar una segunda situación que amenace la paz y la estabilidad de la república. Esa tarea está en cabeza de la presidencia y los diferentes poderes del Estado, de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la movilización de la fuerza social territorial que respalda el proyecto bolivariano, representada en las diferentes formas organizativas entrelazadas en la unión cívico-militar-policial que existen en el país.

La segunda tarea es recuperar a los rehenes, el presidente de la república y su compañera, y eso implica establecer una negociación en la cual el secuestrador ejerce un chantaje sobre la vida y condiciones de sus secuestrados y que el chantaje tiene que ver con el intento de que el país entregue lo que ellos quieren. Esto es básicamente la soberanía a través de los recursos energéticos y del control de la economía. Discurso reiterado por Trump y los diferentes voceros de la administración estadounidense. Desapareció todo el falso argumentario de combate a las drogas y el “narcoterrorismo”, menos aún de la defensa de la democracia y los DDHH.

Eso ha implicado cada día una situación en la cual la negociación demanda concesiones y adopción de medidas para bajar la presión del enemigo, algunas de las cuales ya estaban siendo tomadas o hacían parte del plan de negociaciones del propio presidente Maduro intentadas desde el año pasado con el gobierno de Trump, sustentadas en garantizar que el intercambio energético con los Estados Unidos no implicara la entrega de la soberanía.

El gobierno venezolano, incluso desde Chávez, ha reconocido la necesidad de establecer un acuerdo petrolero con los Estados Unidos con garantías y seguridad para ambas naciones, en el marco del respeto a la soberanía y de las garantías del derecho internacional. Esa dinámica fue interrumpida a partir de las medidas coercitivas unilaterales adoptadas por el primer gobierno de Donald Trump en 2016, luego que el presidente Barak Obama declarara a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad de los EEUU”, en 2015.

Son estás medidas las que causaron y siguen causando los mayores daños a la economía venezolana, la pérdida de la capacidad del estado para atender las necesidades de la población y la profundización de los problemas sociales, la mayoría de ellos resueltos en los primeros 10 años de la revolución bolivariana. La masiva migración y el “éxodo” de millones de venezolanas y venezolanos no se puede explicar sin la estrategia de “torcer el brazo” y “máxima presión” hecha por el imperialismo y sus cómplices internos. La pretensión ha sido siempre dominar económica y políticamente al país para controlar sus recursos estratégicos.

Lo que está pasando en términos concretos es que esos acuerdos que tenían posibilidades de implementarse de manera progresiva, ahora se aceleran. No es nada distinto a lo que ya se había hecho y eso es una parte de lo que cambió en estos últimos días. La otra parte tiene que ver con impedir, como decíamos, una agresión de mayor alcance y especialmente ganar tiempo para evitar que no solamente el país sino la región sea objeto de un ataque mucho más mortífero, encabezado por esa ambición que dominan ahora la política y la actitud de los Estados Unidos, que se abalance sobre Venezuela y además sobre Cuba y otros países de la región.

Estamos frente a una conducción de imperialistas que además son psicópatas, mienten, manipulan, amenazan todos los días y a todas las horas. Y es parte de lo que implica enfrentar una negociación con un enemigo, que es la primera potencia nuclear del mundo, con el ejército más bien dotado y tecnológicamente preparado, como lo demostraron con esa operación de la madrugada del día 3. Evitar que esa ambición se lleve por delante no solo miles de vidas y destrucción del país, así como la destrucción del proyecto político y social que se ha levantado durante 25 años, hace parte de las tareas urgentes del momento.

Y una cuarta tarea tiene que ver con crear condiciones internacionales para impedir que avance esa escalada de agresión. El gobierno en funciones ha hecho importantes acuerdos en términos de solidaridad, no solamente en sus aliados tradicionales, como China, Rusia e Irán, sino con gobiernos de la región, que son muy importante para crear un arco amplio de apoyos, como los de Brasil, México y Colombia. Eso ha implicado también algún tipo de relación con gobiernos de Europa y otras regiones, para crear un marco de alianzas para enfrentar este momento. La retomada de las relaciones directas con las representaciones diplomáticas de la UE y otros gobiernos de países del norte global han sido eventos a los que hemos asistido los últimos días y eso no es poca cosa, visto la gravedad del momento.
Mi balance personal luego de estar en Venezuela desde mediados de diciembre, durante y en los días posteriores al ataque terrorista, viviendo y compartiendo con familia, amigos y diversas personas que militan y respaldan al gobierno, así como quienes adversan o no tienen ninguna simpatía con el proyecto bolivariano, por lo que me es posible confirmar el amplio respaldo con el que cuenta el gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Cualquier duda inicial e incertidumbre, ha sido minimizada. Desde el propio día 3, muy tímidamente, pero con mayor intensidad y fuerza los días posteriores, el chavismo ha logrado demostrar su capacidad de movilización y toma de iniciativa en defensa del país.

Igualmente, desde las primeras horas también se ha podido apreciar las reacciones de movimientos sociales, partidos, sectores sociales, movilizándose en una amplia convocatoria internacional de solidaridad con Venezuela y de condena antiimperialista. Este movimiento ha ido en aumento, incluso en los propios EEUU, que enfrentan los desvaríos autoritarios y dictatoriales de Trump. Con el pasar de los días, continúan sumándose movimientos y organizaciones que expresan la solidaridad, no solo las que estuvieron siempre al lado de la revolución bolivariana, sino aquellas que por principio y convicción entienden que este momento es muy delicado y Venezuela no puede quedar sola.
Esta es una acción que debe seguir siendo hecha por todos quienes puedan. Es una tarea no solo del gobierno, sino de todas las fuerzas sociales y políticas dentro y fuera de Venezuela. Y es una tarea de mediano y largo plazo, porque evitar una nueva agresión, en términos de lo que pueda pasar en Venezuela, también implica ganar tiempo para evitar otra operación en países como Colombia, México y Cuba, especialmente, que está en la mira de los halcones y de quienes, desde su absurda obsesión anticomunista, tienen con la isla y su revolución.

Como digo, hay muchas dudas todavía, pero también hay muchas certezas y las certezas son: Venezuela tiene que ser defendida dentro y fuera; es el momento de la unidad; hay que dar un voto de confianza a la conducción actual; hay que enfrentar las matrices que operan simultáneamente que nos hacen desconfiar y que nos hacen temer. Lo más importante del momento es cómo el pueblo de Venezuela es defendido y protegido de una nueva agresión. No es momento para dilapidar el tiempo, los recursos y la energía en discusiones y especulaciones, especialmente frente a una operación en la cual la matriz sigue siendo la de justificar esa agresión, los muertos, el secuestro.

Entonces no es momento para la duda respecto a la responsabilidad que tenemos de defender el país, de condenar la agresión, de enfrentar el imperialismo y especialmente preservar América Latina y el Caribe como una zona de paz, porque es del interés de Venezuela y de toda la región. Quizás en Venezuela y en el Caribe se está jugando la posibilidad de que se imponga una línea de acción del imperialismo estadounidense que si triunfa y se concreta la ambición que tiene, el destino del resto de la región y del mundo está bastante comprometido.

Hoy Venezuela está en manos del pueblo venezolano, de su conducción política y de las fuerzas democráticas que resistieron y resistirán una nueva agresión. No son los anuncios altisonantes y disociados de Mr. Trump y sus secuaces los que determinan lo que pasa en tierras venezolanas. Contener la guerra multiforme en su vertiente cognitiva es la tarea más urgente luego del dolor, la sangre, el humo y los escombros. Defender la verdad de Venezuela también es una obligación de quienes militan con el internacionalismo y la solidaridad de los pueblos.

Esta es una nota personal después de haber estado en Venezuela, en Caracas, en Barquisimeto y en otros lugares, hablando con mucha gente, compartiendo con compañeras y compañeros de dentro y fuera del gobierno, de militantes y también de sectores opositores, sobre la valoración que tienen del momento que está viviendo el país. Es un intento para evitar que el torbellino de los acontecimientos, que la atomización de la información y la manipulación de los hechos opere sobre nuestra memoria y anule nuestra propia visión de este hecho histórico. También quizás sirva para responder algunas de las preguntas y dudas que asaltan a mucha gente dentro y fuera de mi país que me ha pedido una opinión.


Iván González Alvarado, venezolano, profesor de historia, militante internacionalista.