
CHÁVEZ NUESTRO DE CADA DÍA
Por Joel Suárez Rodés
«Yo no recuerdo haber guardado en mi memoria una impresión particular de los sucesos del 4F, ni de aquel teniente coronel llanero que hubiera despertado mi atención, como sí lo había hecho en Fidel, gracias a su sagacidad y previsor ojo político»
5 de marzo de 2026 | Fuente: Centro Memorial Martin Luther King
Difíciles estos tiempos y los eventos que nos atraviesan. Difíciles. Hoy es un día especial. Recuerdo la ternura y la delicadeza de Chávez. Nos vimos pocas veces, pero desde el primer día, sabiendo mi procedencia cristiana, me hacía la señal de la cruz —gesto que, como costumbre, siguió Maduro— y me decía enfático, con la picardía de un niño que tiene algunas cosas prohibidas: “¡Catire! Tienes estampa de guerrillero, te envidio.”
En julio de 1994, Germán Sánchez Otero y yo coincidimos en Caracas. Germán, aquel joven que nos había obsequiado el excelente prólogo a Economía y Sociedad de Max Weber, desde el marxismo revolucionario al que consagró militancia y pensamiento el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y sus bisoños profesores. Una entrega de aquellas Ediciones Revolucionarias que tanto conocimiento «fusilado» puso, a muy bajos precios, en nuestras manos.
Poco antes de mi viaje, Fernando Martínez Heredia me había comentado en su casa que Germán acababa de llegar a Caracas como Embajador de nuestro país. Años después, los eventos y los libros del propio Germán pondrían sobre la mesa la misión que el Comandante en Jefe le había encomendado: contactar a aquel militar que se había levantado en armas con el MBR-200 el 4 de febrero, dos años atrás.
Junto a un grupo pequeño de jóvenes de nuestra comunidad de Pogolotti y de la Coordinación Obrero Estudiantil Bautista de Cuba, estábamos de paso por Caracas, en tránsito hacia Brasil. Viajábamos a nuestro primer encuentro e intercambio con el Movimiento Sin Tierra de Brasil, una organización con la que, hasta el día de hoy, nos unen lazos y afectos que han crecido en las tareas internacionalistas y la solidaridad «cuerpo a cuerpo» —no solo desde el Centro Martin Luther King, Jr., sino desde muchos y muchas aquí en la isla— con la revolución cubana y la revolución bolivariana.
Yo no recuerdo haber guardado en mi memoria una impresión particular de los sucesos del 4F, ni de aquel teniente coronel llanero que hubiera despertado mi atención, como sí lo había hecho en Fidel, gracias a su sagacidad y previsor ojo político. Por eso, el nuevo embajador no era otro que un militante revolucionario cuyo quehacer intelectual habría de retomar muchos años después, pospuesto por el tiempo y las tareas que le había exigido, hasta ese momento, su labor en el Departamento América, bajo la orientación y conducción de Barbarroja, el Comandante Manuel Piñeiro Lozada.
No sé cómo tomé contacto con Germán en aquellos tiempos sin redes digitales, pero nos vimos brevemente. Por supuesto, nada supe de su compartimentada tarea. Yo le conté de la mía. Me celebró, reconociendo la importancia de la misma, y me compartió todo lo que sabía de aquel movimiento que tanto había colaborado en la organización de aquel mítico encuentro de Fidel en 1990 con las Comunidades Eclesiales de Base y organizaciones sociales de Brasil, durante su viaje a ese país.
Tampoco recuerdo bien cómo nos ubicó Ezequiel Sosa —Eseario—, integrante del Grupo Caleb y hoy Obispo de la Iglesia Evangélica Pentecostal Venezolana. Hasta el Fuerte Tiuna nos llevó, y allí nos contó, con detalles, la asonada del 4 de febrero. Con pasión evangélica y bolivariana, me dio cuenta de su esperanzada admiración por aquel tal Hugo Chávez.
Y con la certeza que viene del Espíritu, el vigor de su compromiso cristiano y revolucionario, y el don de la profecía que asiste a nuestros hermanos pentecostales, me dijo: «Hermano, ese va a ser el próximo presidente de Venezuela y el líder de nuestra Revolución».
Crónica escrita por Joel Suárez Rodés, educador popular y teólogo del Centro Memorial "Martin Luther King" (5 de marzo de 2026)




