«El sismo ha afectado tanto a edificios construidos por el Gobierno para viviendas sociales como a hoteles de empresas privadas ubicados en la costa. En algunos casos, como el Marriott, permanecen en pie con la fachada reventada y las estancias a la vista; en otros, las estructuras se han caído como castillos de naipes.»

El sábado 27 de junio centenares de vehículos repletos de ayuda humanitaria se dirigían a la capital del país y al estado La Guaira, las zonas más afectadas por los dos sismos que el pasado miércoles 24 de junio sacudieron la nación. La respuesta solidaria del pueblo venezolano ante la magnitud de la tragedia fue inmediata, recolectando medicinas, ropa y alimentos en centros de acopio de diferentes localidades. En la vía, numerosos automóviles particulares cargados de provisiones y camiones con maquinaria pesada del Gobierno se dirigían hacia los lugares más golpeados por la catástrofe.


Desde Guapa, municipio Andrés Eloy Blanco (Lara), nos transportamos en un camión de la Empresa de Propiedad Social Indirecta Comunal (EPSIC) Cafetalera Enriquito Colmenares, donde comuneros y comuneras de la zona montañosa cargaron la recolecta que durante los dos días posteriores a los sismos pudieron reunir, alimentos e insumos para auxiliar a la población afectada.


En el desvío a La Guaira la policía controla el acceso de los vehículos para evitar el colapso circulatorio que, en los días previos, provocó retrasos en la distribución de la ayuda y el traslado de las personas heridas a los hospitales. El desborde de solidaridad espontánea hizo que el pueblo se dirigiera masivamente hacia la zona costera para colaborar.


Al entrar en La Guaira, aunque ya es de noche, la primera impresión es una devastación enorme y el hedor de los cuerpos atrapados bajo los escombros presagia que las cifras iniciales aumentarán en los siguientes días.


Llegamos a la Casa Comunal del Urbanismo Hugo Chávez, en Catia La Mar, donde cientos de personas se agrupan en un refugio improvisado. El edificio, sede de la comuna, se encuentra en el centro del conjunto residencial promovido por el comandante Chávez como parte de los esfuerzos para dotar de hogar a los más desfavorecidos del país y, en especial, a las víctimas de otra catástrofe. Estas viviendas fueron construidas por el Gobierno dentro del programa social Gran Misión Vivienda Venezuela, superando los 73.000 millones de dólares en inversión para la edificación de más de un millón de casas destinadas a superar el déficit habitacional y, en el caso de La Guaira, mitigar los efectos del deslave de 1999, cuando los corrimientos de tierra e inundaciones ocasionaron el peor desastre natural ocurrido hasta entonces en la historia del país.


El ministro de Comunas, Ángel Prado, atiende personal y directamente a las vecinas después de mantener una asamblea con los habitantes del barrio. Muchas personas del sector serán trasladadas a la Universidad Marítima del Caribe, donde las autoridades han establecido uno de los 12 refugios humanitarios que reciben y atienden a quienes se han quedado sin hogar.

El ministro venezolano Ángel Prado y Albanys Montilla viceministra de movimientos sociales, atendiendo a la gente en la zona más castigada por el temblor 


La universidad ha cedido las instalaciones para acoger a los supervivientes y, durante los siguientes días, albergará a unas 1.500 personas. Los comuneros y comuneras del Urbanismo Hugo Chávez gestionan y coordinan con las autoridades la llegada y atención de la ciudadanía.


El edificio de la universidad ha quedado casi intacto tras los temblores que, el día de la festividad de San Juan, coincidente con el aniversario de la Batalla de Carabobo, tumbaron dos edificios ubicados enfrente, justo al otro lado de la calle. En la arepería Margarita fallecieron unas 60 personas, tanto estudiantes universitarios que a pesar del festivo asistieron a clases, como ciudadanos que disfrutaban de la celebración. De las seis plantas del edificio, solo se reconocen las superiores, las cuales aplastaron por completo a las inferiores.


El domingo 28, los equipos de rescatistas continúan en la búsqueda de supervivientes. Bomberos, protección civil, ejército, milicia, policía, comuneras y voluntarios venezolanos venidos de diferentes partes colaboran con servicios de rescate procedentes de otros países en una carrera contrarreloj. Desde el pasado miércoles, las autoridades han informado que se han producido más de 600 réplicas, con un balance provisional de 1.946 víctimas mortales, 5.034 heridos y algo más de mil edificios colapsados y afectados, cifras que no paran de crecer.


El tiempo aprieta más que el calor, y se hace sentir la descomposición de los cuerpos debajo de los escombros indicando los puntos donde hay fallecidos. La zona de Playa Larga y el Urbanismo Chávez son dos de los lugares más afectados por la tragedia. El entramado callejero es un hormiguero de personas y maquinaria desplegada para intentar rescatar supervivientes y recuperar cadáveres, evitando así que una crisis sanitaria agrave la situación.


Junto a los rescatistas nacionales trabaja la ayuda internacional procedente de diversos países. Desde el «sacudón», el Gobierno ha movilizado recursos y materiales ingentes para atender una emergencia sin precedentes. La responsabilidad es enorme y la prioridad salvar vidas.


El sismo ha afectado tanto a edificios construidos por el Gobierno para viviendas sociales como a hoteles de empresas privadas ubicados en la costa. En algunos casos, como el Marriott, permanecen en pie con la fachada reventada y las estancias a la vista; en otros, las estructuras se han caído como castillos de naipes.
Por la tarde, el resto de los vecinos del Urbanismo Chávez que permanecía junto a la Casa Comunal son definitivamente trasladados a la Universidad Marítima del Caribe. En sus instalaciones se han organizado equipos de atención médica y psicológica; y se entrega comida, agua y colchones. Las víctimas del desastre se debaten entre el miedo a temblores constantes y la incertidumbre sobre el futuro de sus hogares. Las vibraciones de los helicópteros y aviones, así como las réplicas despiertan el reciente trauma de algunos de los desplazados.

Traslado de vecinos y vecinas hacia los espacios habilitados en las instalaciones universitarias. 


Es el caso de Armando que se encontraba en casa junto a su esposa e hija. Recuerda que sintió el primer sismo de forma leve; y de repente, vino el golpe fuerte: «No nos dio chance de salir entre los movimientos de los edificios. Era como si estuviera bailando, no podía caminar ni nada. Nos quedamos adentro atrapados, caímos al suelo y nos cayó encima la casa, gracias a Dios, lo que nos protegió fue la puerta». Ahora reconoce que apenas escucha una vibración o un sonido fuerte, su primer instinto es intentar correr porque siente que es el terremoto de nuevo.


Ángel Díaz es entrenador de boxeo; el segundo sismo lo lanzó a él y a la mesa en la que estaba hacia la puerta de su casa. Tuvo que saltar un vacío en el suelo para escapar y aun así pudo rescatar a una vecina. Es parlamentario y coordinador de deportes de la comuna, y recuerda: «Los primeros días estuvimos noche y día trabajando para salvar a la mayoría de las personas que se pudiera». Ahora, se le ve entrenando de nuevo a los muchachos.

Ángel Díaz, boxeador, entrenando con un niño en las instalaciones habilitadas para la acogida de personas afectadas. 


A punto de cumplirse una semana del doble sismo, los rescates de supervivientes en distintos puntos de las zonas afectadas continúan despertando la esperanza de todo un pueblo unido en respuesta a uno de los mayores desastres naturales de la historia de Venezuela.