LA SOLIDARIDAD DE LAS COMUNAS
Por Vocesenlucha
«Desde las montañas del Parque Nacional Yacambú, esta empresa, que agrupa a 20 comunas cafetaleras, funciona como centro de acopio de alimentos y enseres para auxiliar a los damnificados.»
29 de junio de 2026
En Guapa, municipio Andrés Eloy Blanco, Estada Lara, una planta de procesamiento de café que permaneció paralizada durante años pasó a manos de 18 comunas de productores en 2024. Hoy, la Empresa de Propiedad Social Indirecta Comunal (EPSIC) Cafetalera Enriquito Colmenares se ha convertido en un modelo de gestión popular y solidaridad en medio de la crisis humanitaria que desencadenó el doble sismo que golpeó el centro del país con consecuencias devastadoras. Desde las montañas del Parque Nacional Yacambú, esta empresa, que agrupa a 20 comunas cafetaleras, funciona como centro de acopio de alimentos y enseres para auxiliar a los damnificados.
Moisés Soto, uno de los administradores de la empresa, recuerda que el comandante Hugo Chávez ideó este espacio en 2006 como una planta donde los productores de café transformarían su propia materia prima.
En enero de 2009, Chávez inauguró una unidad de producción social. Tras una historia accidentada, en la que la titularidad de las instalaciones pasó por diversas instituciones y los productores resultaron los principales perjudicados, en octubre de 2024 el presidente Nicolás Maduro transfirió las instalaciones al Ministerio de las Comunas.
Actualmente, bajo la forma de empresa de propiedad social indirecta comunal denominada “Enriquito Colmenares”, agrupa a 20 comunas cafeteras y se ha convertido en un modelo que combina eficiencia productiva, control social y solidaridad, a pesar del bloqueo económico y las sanciones contra el país caribeño.

EPSIC Enriquito Colmenares
Catástrofe y despliegue de solidaridad
Las autoridades venezolanas han registrado, hasta el momento, 302 réplicas tras los dos terremotos consecutivos que causaron severos daños en Caracas y La Guaira, además de afectaciones estructurales en Aragua, Miranda, Carabobo, Falcón y Yaracuy.
Dos días después de los sismos, la empresa se convirtió en un centro de acopio que recolecta alimentos, ropa y medicamentos para los afectados.

Ivianny Alvarado
«Es parte de nuestra solidaridad como campesinos», afirma Ivianny Alvarado, productora de café que, junto a otras personas, organiza en las oficinas las donaciones recibidas en cajas y bolsas para transportarlas de urgencia a La Guaira en vehículos de la empresa.
«Cada quien donó lo que podía, lo que tenía en su casa. Somos un país solidario que, a pesar de las adversidades, siempre está dispuesto a brindar una mano amiga a cada uno de nuestros hermanos», añade.
En todo el país se ha desatado una oleada de solidaridad con numerosos centros de acopio para reunir materiales de primera necesidad. Este esfuerzo colectivo se suma al amplio despliegue cívico-militar que organizó el Gobierno de Venezuela para dar respuesta y atención inmediata a los miles de personas damnificadas.
Moisés destaca que, por encima de las ideas, están las vidas y la unidad de los venezolanos, y critica a los medios de comunicación que, en las difíciles circunstancias que atraviesa el país, buscan dividir a la población.

Moisés Soto
La recuperación de una planta
Soto, ingeniero, comunero campesino del territorio y representante del Estado en la administración de la empresa, recuerda el largo camino para recuperar la planta.
«El comandante Chávez tuvo la idea de que transformáramos la materia prima en estos espacios. Hay seis plantas así en Venezuela, en zonas cafetaleras. Pero la forma y el fondo no fueron como él lo ideó. Pasó por muchas manos y nunca benefició al pueblo», explica.
Soto relata cómo la lucha de los productores organizados logró superar la crisis económica de la planta y conseguir que pasara a manos de los productores. La transferencia se concretó el 2 de noviembre de 2024, y él asumió la responsabilidad operativa junto a otros dos compañeros.
«Cuando llegamos, la gente no creía en nosotros. Decían: ‘Esos muchachos van a quebrar la empresa’. Pero un banco estatal nos prestó un millón de dólares, acondicionamos la planta y a los seis meses hicimos la primera exportación a Estados Unidos e Italia. Siete meses más tarde sacamos la marca Vencafé Na´guará, hecho en común», relata con orgullo.
La empresa, explica, funciona con una lógica diferente a la convencional. «Aquí no hay presidentes ni vicepresidentes. Somos tres administrativos: dos del Estado y una de las comunas. Los excedentes de las exportaciones van a los bancos comunales para solucionar problemas de vialidad, salud, educación. La columna vertebral son tres fondos: mantenimiento operativo, atención al productor y reinversión social», detalla.
Calidad y Plan Comunal del Café
Daniel Suárez, el otro administrador, destaca el crecimiento en productividad y la apuesta por la calidad:
«Hemos impulsado el laboratorio de análisis sensorial, lo que nos ha permitido estandarizar procesos y mejorar la calidad del café tostado, molido y empaquetado. También hemos promovido la compra de café a buen precio, por encima de la Gaceta Oficial, y la entrega de insumos y fertilizantes», señala.

Daniel Suárez
La empresa obtuvo la Indicación Geográfica Protegida (IGP), un sello internacional que certifica la calidad del café. «No son todos los productores, pero sí tenemos productores que sacan café de especialidad, con grandes puntuaciones. Eso nos da un plus en el mercado internacional», añade Moisés Soto.
Este año recibieron la certificación como Empresa Exportadora de Café, con lo que se convirtieron en la primera organización comunal autorizada para participar en operaciones de comercio exterior. Esta iniciativa se enmarca en el Plan Comunal del Café, destinado a reforzar la producción, elevar los estándares y posicionar el café venezolano en el mercado internacional como un producto capaz de generar divisas.

Analizando el café en el laboratorio
En un contexto marcado por el infortunio, Moisés destaca los avances logrados en estos años, entre otros, el cambio de una forma de producción tradicional a una más sustentable con el medio ambiente, que ha permitido obtener un producto de alta calidad con altas puntuaciones, especialmente en los cafés de especialidad.
Ivianny recuerda que, al provenir de un territorio donde durante muchos años se ha cultivado café y donde desde niños se aprende todo lo relacionado con este rubro —desde la semilla, el vivero, la producción y la poscosecha—, «fue un sueño para nosotras y nosotros, como productoras y productores, tener una empresa que realmente sea del caficultor, que realmente sea del campesino y que todos esos excedentes que se puedan generar en la empresa se reinviertan en las necesidades básicas de los caficultores, como vialidad, salud, educación, entre otros. Es un gran orgullo tener esta empresa en manos de las caficultoras y caficultores, porque es la única que hay en el estado Lara que cuenta con toda la cadena del café, desde la producción hasta la comercialización».





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