Tras el doble sismo del pasado 24 de junio —que arroja una cifra provisional de 2.645 fallecidos y 12.600 heridos—, y pese al momento de agresión imperialista e intento de ahogo criminal al que está sometida Cuba, una brigada de rescatistas cubanos se suma a las labores de salvamento en Venezuela

La tarde del 3 de julio, seis meses después del secuestro del presidente Nicolás Maduro y su compañera la diputada Cilia Flores en una agresión armada ilegal contra Venezuela que ocasionó la muerte de 32 militares cubanos, una brigada de rescatistas cubanos continúa trabajando en el rescate de las víctimas del doble sismo que hace nueve días azotó a Venezuela.

Los cuatro edificios Los Corales de la parroquia Caraballeda, en La Guaira, yacen reducidos a montañas de escombros. La tarde se agota y también el tiempo para encontrar personas desaparecidas con vida; los rescatistas instalan un sistema de iluminación para continuar los trabajos durante la noche. El grupo de cubanos trabaja en el lugar junto a otro equipo mexicano y a la protección civil venezolana, bajo la mirada atenta de familiares de desaparecidos a la espera de noticias.

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Llegaron el pasado 29 de junio, como anunció en su canal de Telegram el Ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, donde publicó: “La llegada a Venezuela de un grupo de rescatistas cubanos para apoyar en la búsqueda de personas atrapadas y apoyar a nuestra brigada médica constituye una nueva muestra de la invariable solidaridad de Cuba con el hermano pueblo venezolano”.

El ministro venezolano del Poder Popular para Relaciones Exteriores, Yván Gil, respondió: “Este valioso equipo, anunciado por el hermano canciller Bruno Rodríguez, se suma a la brigada médica cubana que ya se encontraba en nuestro país como parte de los profundos lazos de solidaridad que siempre han caracterizado a nuestras naciones”.

En la web del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores informan: “La llegada de este contingente especializado constituye un nuevo gesto de solidaridad de Cuba con el pueblo venezolano, ratificando los lazos de hermandad y cooperación estratégica y humanitaria entre ambas naciones en momentos de dificultad”.

Noel Silva, miembro de la brigada de rescatistas cubanos, nos relata en uno de los recesos: “Aquí lo que estamos es tratando de acompañar desde el punto de vista técnico, profesional y especializado a los hermanos bolivarianos de Venezuela, porque evidentemente han sufrido una catástrofe bastante seria. Dos sismos prácticamente pegados, lo que les ha dejado un grupo importante de víctimas, de personas lesionadas, de personas desaparecidas, y hemos venido a hacer nuestro papel, que es la ayuda solidaria, humanitaria que estamos acostumbrados a hacer. En cualquier parte del mundo que nos convoquen para apoyar especializadamente a cualquier país, siempre vamos a estar dispuestos a hacerlo”.

Desde que fueron creadas en el siglo XXI, las brigadas cubanas de rescate y salvamento han ayudado en las peores situaciones humanitarias internacionales: terremotos en Pakistán (2005), Haití (2010), Indonesia (2006), Ecuador (2016) y Nepal (2015); huracanes e inundaciones, como los de Guatemala (2005), Dominica (2017), Bolivia (2006) y México (2017), así como en la pandemia por Covid-19 y el ébola en África.

Durante la crisis humanitaria que sufrió Estados Unidos por el huracán Katrina en 2005, Cuba ofreció asistencia —incluyendo un contingente de 1.100 médicos—, la cual fue rechazada por Washington. Fidel Castro recordó entonces que Cuba es el país más cercano a Nueva Orleans: «El falso orgullo y erróneos conceptos los condujeron a no responder siquiera tardíamente nuestro ofrecimiento». “Duele pensarlo, pero tal vez algunas de aquellas personas desesperadas, sitiadas por las aguas y al borde de la muerte, pudieron salvarse», señaló el presidente cubano entonces.

Los rescatistas cubanos responden de forma articulada con médicos y enfermeros de la Brigada Henry Reeve, un contingente cubano especializado en situaciones de desastres y graves epidemias que ya operaba con personal de salud en territorio venezolano antes de los sismos.

Sanciones y bloqueo criminal

El régimen de sanciones y bloqueo que EE. UU. impone a Cuba diezmando su economía no ha impedido enviar ayuda a Venezuela, otro país que sufre las medidas coercitivas unilaterales de EE.UU., un factor que ha debilitado su economía y la fortaleza para responder a esta catástrofe natural.

En julio de 2024, un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba señalaba: “Además de las víctimas de las acciones violentas patrocinadas por EE.UU., el bloqueo (…) representa una afectación aproximada de más de 421 millones de dólares mensuales, más de 13,8 millones de dólares diarios, y más de 575 mil 683 dólares en daños por cada hora de bloqueo. A precios corrientes, los daños acumulados durante más de seis décadas de aplicación de esta política ascienden a 164 mil 141,1 millones de dólares. Tomando en cuenta el comportamiento del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, el bloqueo ha provocado perjuicios cuantificables por más de 1 billón 499 mil 710 millones de dólares. Se estima que, de no existir el bloqueo, el PIB de Cuba a precios corrientes pudo haber crecido alrededor de un 8% en 2023”.

A pesar de que desde 1992, en más de 31 ocasiones, la Asamblea General de Naciones Unidas ha aprobado proyectos de resoluciones presentados por Cuba para “poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”.

La Relatora Especial del Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre repercusiones de medidas coercitivas unilaterales, Alena Douhan, en su informe preliminar de su visita oficial realizada a la isla en noviembre de 2025, señaló respecto al régimen de sanciones impuesto por más de 60 años que «la escasez de maquinaria esencial, repuestos, electricidad, agua, combustible, alimentos y medicamentos, junto con la creciente emigración de trabajadores calificados —incluido personal médico, ingenieros y maestros— tiene graves consecuencias para el disfrute de los derechos humanos, incluidos los derechos a la vida, la alimentación, la salud y el desarrollo”.

Noel Nicola García, rescatista cubano

Dignificación y esperanza.

La oscuridad de la noche es total cuando una integrante del grupo mexicano lleva una bolsa blanca hasta donde el grupo trabaja, protegidos por el brazo de una grúa cuya cuchara apuntala los restos de la estructura, cuyo peso se cierne como una amenaza para los rescatistas. Después de unos minutos, bajan un cuerpo dentro de la bolsa. El jefe del grupo mexicano reúne a los familiares de los desaparecidos para proceder a la identificación. Finalmente, el padre de una niña identifica a su hija. Decenas de desaparecidos podrían encontrarse bajo el peso de los escombros y los rescatistas reanudan su trabajo después de un breve encuentro con los vecinos. El rescate de las personas fallecidas y enterradas bajo toneladas de hormigón, es fundamental para la dignificación del duelo de los familiares. Durante las jornadas anteriores, lograron rescatar a personas con vida. Equipos de múltiples países trabajan simultáneamente en distintos puntos con la esperanza de saber que todavía nos encontramos en la fase de salvar vidas.

“El rescatista siempre tiene que tener la esperanza de, aunque sea en el último minuto, poder sacar a una persona con vida porque es lo más importante, aunque ya hayan pasado ocho o nueve días”, concluye Noel antes de regresar al trabajo con sus compañeros, trepando sobre una montaña de cascotes y cabillas. Cuba sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: ser ejemplo, desplegar solidaridad, humanidad y trabajo digno allá donde más se necesita.