«Sin la tarea incesante de los medios hegemónicos y las redes sociales en manos de la élite dominante… nada de todo esto sería posible»

2 de marzo de 2026 | Fuente: La vida en Orsay | Foto: Leo Correa AP

EE.UU. bombardea e invade países a cara descubierta. Secuestra y asesina presidentes como si tal cosa. También destruye con misiles a embarcaciones con pescadores acusados de narcotraficantes, sin prueba alguna, como excusa para las matanzas impunes. Agrava hasta límites insoportables el bloqueo a Cuba, condenando al hambre a toda la población, amenaza con apoderarse de otros países y regiones, tipo matón todopoderoso y el supuesto mundo democrático normaliza todo, como si realmente fuera normal.

Donald Trump, tal vez el más temible terrorista mundial en estos momentos, es considerado un presidente democrático. Netanyahu realiza el mayor genocidio que se recuerde contra el pueblo palestino, asesinando a la población civil sin contemplaciones, convirtiendo en escombros a todo Gaza y apoderándose de Cisjordania con el mismo procedimiento criminal, sin oposición real del resto de casi todos los países «democráticos». A lo sumo un tirón de orejas para que se porte bien. Un ejercicio de hipocresía que los convierte claramente en cómplices de la masacre.

En Argentina el gobierno de los hermanos Milei y el propio presidente, adhieren sin vergüenza ni reparos, a esos dos personajes que ponen al mundo al borde de un desastre bélico terrible con consecuencias espantosas.

Lo de Milei con Trump ya excede lo político y entra de lleno en el vulgar cholulismo. Es un cholulo baboso, como un perrito faldero y mimoso que viaja cada rato a EE.UU. para que su dueño le pase la mano por el lomo. Como un felpudo del poder, dispuesto a entregar lo que le pidan, para lograr el apoyo a cuenta gotas que le suelta su jefe y así poder seguir disfrazándose de león con los más débiles en Argentina.

El discurso que dio en la inauguración del período ordinario del Congreso, fue más o menos el mismo que hubiera dado Al Capone para demostrar quién es el capo y hasta dónde es capaz de llegar. Agrandado estúpidamente bajo el paraguas estadounidense, sintiéndose poderoso y protegido por su gran jefe, se permitió largar una serie de insultos a todos los que considera opositores y repetir las mentiras de una Argentina en vías de desarrollo, hacia un futuro neoliberal puro. Mentiras que ya solo engañan a quienes quieren ser engañados o les conviene esa ficción futurista.

No creo que sea necesario, a esta altura del partido, desenmascarar a Milei y su sarta de idioteces plagiadas. El pueblo argentino sufre las consecuencias de sus políticas de hambre y ya no se come ninguna de las promesas vacías que larga desde que asumió. La cosa va de mal en peor y además la entrega del país entero al mejor postor, resulta inadmisible hasta para los grandes empresarios que ven cómo van quedando al margen, ante las importaciones que ya están destruyendo sus fábricas y generando más desempleo. A algunos de ellos, que expresaron su desacuerdo con esas medidas económicas perjudiciales para todos, también les llegaron los insultos desmedidos e imprudentes, en este caso, de un Milei envalentonado, creyéndose el dueño de lo que no le pertenece.

LOS MEDIOS, CÓMPLICES, COMO SIEMPRE

Sin la tarea incesante de los medios hegemónicos y las redes sociales en manos de la élite dominante, para, en primer lugar anular el pensamiento crítico, desviar la atención de lo importante que cambia por lo interesante (Vázquez Montalbán), y finalmente crear una realidad acorde con los intereses de los que mandan, nada de todo esto sería posible. O, en todo caso, tendrían que volver a valerse de los militares y abandonar la parodia democrática vigente.

Sería imposible que mucha gente admita sin más la masacre prepotente de Trump, el genocidio tremendo de Netanyahu contra los palestinos, las guerras provocadas por el imperialismo yanqui en descomposición, los atropellos matones de Milei a la democracia, a la justicia, a los más débiles.

No obstante la guerra cultural llevada a cabo por los que dominan, no de ahora, desde hace mucho tiempo. Y no improvisada, sino programada en laboratorios específicos para ese fin, a pesar de todo eso, no todo está perdido.

Siempre los pueblos del mundo, y el nuestro también, han encontrado por dónde decir basta. En algún momento, a los opresores se les va de las manos y no saben por dónde ni por qué, el dominio impuesto y los más débiles, los de abajo, los nadies, como decía Galeano, que estuvieron acumulando indignación e injusticias, organizan la rebelión y los que se creían dioses terminan huyendo hasta en helicópteros.

Y estas cosas siempre ocurren más temprano que tarde, aunque los tiempos de los pueblos son, generalmente, más lentos que la impaciencia. Pero ocurren. La esperanza nunca es vana, como decía Borges, el coraje siempre es mejor. Y a los empobrecidos, a los desposeídos, lo único que le sobra es coraje.

La seguimos.

*Ángel Cappa es exfutbolista argentino, entrenador, licenciado en Filosofía y Psicopedagogía, escritor y autor con Marcos Roitman del libro "Fútbol y política. Conversaciones desde la izquierda" (ed. Akal)