DOCENTE COACH. CÓMO CAMBIAR DE PROFESIÓN Y SEGUIR EN LA ESCUELA

Por Vanessa Pérez Gordillo

“Escribo esto, sin muchas palabras, para alertar al Ministerio de Educación, a las AMPAS, a los equipos directivos, a docentes, alumnado y la sociedad en general, del secuestro del cuerpo del profesorado para implementar una voluntad hegemónica que en pocos años habrá modificado la esencia de la enseñanza”.

Albacete | 30 de enero 2021

Cuando leo cosas como: “coaching, herramienta para profesores”, me acuerdo de Luis Eduardo Aute y de esa canción en la que empezaba diciendo: “hoy tengo un día de esos que mandaría todo a hacer puñetas”. Y me acuerdo de él no tanto por cómo comienza sino por cómo sigue: “incluso firmaría con placer el acta de mi rendición”. Pues parece que, aunque ya hemos desenmascarado la verdadera identidad del coaching y las implicaciones de ser docente coach[1], hay quienes -amparándose en las dificultades que ha generado la pandemia, las clases online y la incapacidad de motivar a sus alumnos por sus asignaturas-, han encontrado en esta formación una herramienta de orientación.

No sé si solo me pasa a mí, pero cuando escucho la palabra ‘orientación’ fuera de lugar siento una pereza infinita que no me produjo nunca ni la historia, ni las matemáticas, ni la biología, ni la música, ni el griego –por cierto, hoy en peligro de extinción en las escuelas[2]-. E imagino, además, su continuación en la palabra ‘laboral’ que me lleva, a mi edad, a tomarme el mundo con una seriedad que hace que recoloque mi posicionamiento en la silla, pero que siendo una chavala me hundiría más en ella.     

Un profesor de Física y Química de cuyo nombre no quiero acordarme, preocupado porque la sola mención de su asignatura provocaba “cierta apatía” en el alumnado afirma: “ser coach me ayudó a orientarlos para que encuentren su verdadera vocación. Les comencé a ayudar en sus actitudes, habilidades; a orientarles sobre las carreras profesionales”. Al parecer estas técnicas le han ayudado a ser mejor profesor. Pero ¿cómo lo hace?, ¿cómo puede conciliar las lecciones de Dalton, Thomson, Rutherford y Bohr con el modelo de asesoramiento que ha encontrado en el coaching? ¿Cuál es la naturaleza de esta herramienta capaz de sustituir la enseñanza de contenidos por la gestión de talentos sin que la divina comunidad educativa entre en cólera? ¿Por qué el profesor cambia de vocación cuando recibe esta formación?

En el cine, un recurso archiutilizado es que el malévolo consiga suplantar la voluntad de alguien en quien todos confían. De esa forma, utilizando ese cuerpo como apariencia no levanta sospechas y es capaz de conseguir sus propósitos en la realidad. Siempre o casi siempre acaba siendo descubierto o descubierta, pero para entonces la película está a puntito de terminar. No solo el cine utiliza este recurso, el capitalismo y sus ideólogos culturales también lo hacen, y la realidad -y la escuela no escapa de ella- acaba siendo seriamente amenazada en su identidad. Porque en el mundo donde vivimos, y en contra de lo que pasa en la ficción, no hay cinta para rebobinar, ni línea de tiempo que cliquear, ni fin al que llegar. Aquí, en el espacio y tiempo, en este eterno reloj de arena, todo se está haciendo siempre como si se tratase de una especie de masa madre. Por eso, si sustituimos la naturaleza de los ingredientes cambiará el sabor y el aroma, aunque sigamos viendo pan. Y esto es lo que saben y manejan con soltura aquellos que responsabilizan al Covid de liquidar muchos puestos de trabajo, que si sustituimos el fondo de lo que hace profesor al profesor, seguiremos viendo un profesor, aunque lo que tengamos delante sea otra cosa.    

Escribo esto, sin muchas palabras, para alertar al Ministerio de Educación, a las AMPAS, a los equipos directivos, a docentes, alumnado y la sociedad en general, del secuestro del cuerpo del profesorado para implementar una voluntad hegemónica que en pocos años habrá modificado la esencia de la enseñanza. Lo afirma la comunidad de coaches: “la educación tendrá el cambio más importante en la próxima década y será radicalmente diferente”.

No perderán los profesores su puesto de trabajo –al menos no por ahora-, sin embargo, cambiarán necesariamente de profesión al convertirse en coach, pues no hay manera de conjugar en un curso moles e isótopos, poleas y palancas, valencias y reacciones, con las fases del coaching educativo. Podrán hacernos creer que conseguiremos pequeños Einstein mediante recetas del éxito, pero sin conocimiento no habría teoría de la relatividad. ¿En qué escuela se convertirá una escuela que adelgace la naturaleza de su programación a favor del asesoramiento educativo? ¿Seguirá siendo una escuela “la escuela del talento y la mentalidad positiva”? ¿Seguirá siendo el profesor de Física y Química profesor de su asignatura si de lo que se encarga explícitamente es de ayudar a los alumnos a encontrar su verdadera vocación? ¿Seguirá siendo la profesora de matemáticas profesora de matemáticas si se dedica a enseñar cómo ser líder o cómo hablar en público?

Antaño, cuando la escuela distaba de ser ideal, sucedía que encontrábamos “la verdadera vocación” mientras nuestros maestros y maestras nos explicaban la materia, sugerían lecturas, hacíamos prácticas en el laboratorio o escuchábamos músicas que nunca hubiéramos descubierto por nosotras mismas. Sabíamos si nos incomodaba o no hablar en público cuando exponíamos un trabajo, nos pedían un resumen oral del día anterior o teníamos que leer en voz alta. No nos enseñaban a trabajar en equipo, sino que experimentábamos lo que era cada vez que teníamos que formar grupos de trabajo, o jugar un partido de fútbol, baloncesto o voleibol. ¿Qué ha cambiado para que de repente lo habitual requiera asesores especialistas?     

En el siglo XX las llamadas habilidades del siglo XXI no eran lo importante, porque el saber conservaba un espacio, y la escuela trataba de ser uno de esos lugares donde se cocía el amor al conocimiento. Por aquel entonces, y a pesar de los desastres que nos dejó el pasado siglo, la sociedad aún entendía que el saber era lo que impedía que nos tomaran el pelo. Unas veces contentos otras aburridas, unas veces desde el autoritarismo otras desde el respeto, lo cierto es que todos bebimos de esa fuente durante la escolarización obligatoria. Actualmente, el protagonismo de esas habilidades es la perversión de la escuela de toda la vida. El ácido que la corroe, el ladrón de su esencia. ¡Las usurpadoras del saber! Y aunque hoy mandaría todo a hacer puñetas, solo podría firmar con dolor, con mucho dolor, el acta de mi rendición. Porque si, como dice la innovadora coach gallega Sara Núñez, “el sueño de la educación sería que fuera de la mano de la sociedad para que los chicos aprendiesen las herramientas que realmente se necesitan para ser feliz y triunfar en la vida”[3], todo está pero que muy negro para que el mundo llegue a ser un lugar más humano y habitable.

Vanessa Pérez Gordillo, autora del libro La dictadura del Coaching (Akal, 2019) y coordinadora del espacio de comunicación popular Vocesenlucha

[1] V. Pérez Gordillo, La dictadura del coaching. Manifiesto por una educación del yo al nosotros, Madrid, Akal, 2019

[2] https://www.change.org/o/alumnas_de_2%C2%BA_bachillerato_de_griego

[3] https://www.elespanol.com/quincemil/articulos/actualidad/una-gallega-primera-embajadora-del-novedoso-metodo-de-aprendizaje-inteligente-en-europa.

Artículo publicado en Tercera Información, Rebelión, ContrahegemoníaWeb, Kaos en la Red y Periódico Alternativo.