Sentados frente a la ventana de una casa retirada de la ciudad de Albacete vemos y escuchamos diariamente las maniobras de vuelo de los cazas de la base aérea de los Llanos del escuadrón 141 y 142 del Ala 14. Estos datos los hemos ido averiguando –estos y otros-, mientras los dedos discurren por el teclado del ordenador buscando las palabras precisas –si es que las hay- para contar lo que ha pasado y está pasando en Latinoamérica y el Caribe. Y es entonces, cuando aquellas palabras que Sartre escribiera en su obra teatral El diablo y Dios tienen más sentido que nunca: “cuando los ricos se declaran la guerra, son los pobres los que mueren”.

¿Quiénes son los ricos? Nosotros somos los pobres, las empobrecidas, los que morimos, las que trabajamos intensiva y extensivamente para alimentar a nuestros hijos, a nuestras hijas, mientras la vida se nos va sin leer cuentos. Somos conciencias cooptadas por la hegemonía villana, somos las manos que aplauden la represión, los ojos que avalan la colonización. Somos insaciables en la competición de ganar dinero, de tener dinero, de gastar dinero. Somos las presas del sistema, los que nutrimos las periferias mientras soñamos con el centro. Somos la ingenua posibilidad de, con un poco de suerte, mañana poder ser del otro lado. Un mosquito llamado Tío Gilito nos transmitió una enfermedad terrible para el corazón y la humanidad. Desde entonces, a falta de cura, vamos a trompicones. Somos las pobres las que morimos, somos los empobrecidos los que olvidamos.

El pasado 12 de octubre, para la historia oficial española Día de la Hispanidad, para los herejes de esa historia Día de la Resistencia Indígena, se estrelló un avión de combate Eurofighter Typhoon. Venía del centro, de Madrid, del desfile militar al que asisten el Rey con la familia real, el presidente del gobierno y los altos cargos que representan los poderes del Estado, y, cómo no, una parte del pueblo que se contenta con asomar las narices por donde pueda para asistir a la celebración por Ley 18/1987 del Día Nacional de España. Ah, ¿que cuáles son los motivos de regulación legal del día? Según Wikipedia simboliza “la efeméride histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”. ​Como ven hay eufemismos para todo. Nosotros, diríamos con Nietzsche -sin que se nos tomase demasiado en serio pero con muchas razones- que el motivo es la voluntad de poderío, es decir, una imperiosa necesidad de demostración de fuerzas, un deseo ingobernable de someter a otras voluntades.

Cuando uno de los cazas más moderno de las fuerzas aéreas españolas se estrelló en una superficie de siembra al lado del frecuentadísimo parque de La Pulgosa en Albacete desde nuestra ventana sentimos el impacto. A escasos tres kilómetros, el joven piloto de 34 años falleció. Como diría un combatiente que luchó con el Che en el Congo, “la guerra es un juego muy peligroso; en la guerra se mata o se muere”. Borja Aybar, capitán del ejército aéreo realizaba la maniobra de aproximación cuando el caza cayó al suelo. Su muerte se suma a las muertes de Afganistán, Libia, Siria, Yemen, Palestina, Somalia, Ucrania, Colombia, Guatemala, Honduras… Una muerte que aunque separada por 525 años de historia se suma a los millones de indígenas masacrados por la corona española desde aquel 12 de octubre en el que Colón puso pie en tierra firme pensando que había llegado a la India. Una muerte que se suma a los miles que protegiendo sus territorios de la colonización transnacional son asesinados año tras año, y a los ahogados que para salvar su vida de la guerra cruzan las aguas del mediterráneo en busca de un refugio que se les niega, y a los atropellados por la injusticia, la explotación y la riqueza. La muerte de Borja se suma a la de Domingo, Carlos, Amaia y muchos otros desahuciados por los bancos que fueron salvados de la quiebra con dinero público. La guerra de los ricos es un juego muy peligroso para los pobres. Y pareciera que la solución de éstos fuera bestializarse como aquellos, para que una vez rotos los lazos del pathos (sentimiento) y el ethos (conducta) lo único que quepa en el globo terráqueo sea el pólemos (conflicto), o esa nada a la que aspiran los unificadores de diversidades, los exterminadores de identidades.

Desde hace unos días en los aires albaceteños sobrevuela un misterioso silencio, otros aires soportarán el peso de las maniobras del ejército del aire, los aires catalanes. “El Ejército ensaya la defensa del sur de Cataluña por tierra, mar y aire”[1], reza el solemne titular publicado por ABC el pasado miércoles 13 de diciembre.  “Unos 650 militares del Ejército de Tierra, la fragata «Almirante Juan de Borbón» de la Armada Española y seis aviones de combate Eurofighter del Ejército del Aire participan desde el sábado y hasta el próximo viernes en las maniobras militares «Eagle Eye»”. Misterio explicado, el artículo no tiene desperdicio, y sí mucho arsenal. Un portavoz militar aclara que “las maniobras son completamente ajenas a la situación política catalana”. A lo que debió añadir: cuiden los titulares. ¿Por qué no lo harán? En Colombia si esto sucediese antes de unas elecciones el mensaje estaría clarito, y las emocionalidades se empaparían de un mensaje que les llega subrepticiamente ¿por qué en Catalunya iba a ser diferente? ¿Por qué esas emocionalidades que han vivido la expresión de una voluntad independentista que ha sido oprimida bajo la declaración del 155 iba a ser diferente? ¿Acaso los cazas no son cazas en todos los espacios aéreos? ¿La guerra deja de ser guerra según la latitud?

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fue la antesala del SÍ a la guerra. Bajo la dirección de comandantes de EEUU se firmó una estratégica alianza militar de defensa. Lo de defensa, está de más decirlo, quedó en el camino. ¿Qué tiene de defensa un misil lanzado desde kilómetros de distancia a un territorio de convivencia? Pareciera que la palabra haya cobrado nuevos significados. Los noticieros posicionan el mensaje deshumanizando al otro, convirtiéndolo en salvaje. Así, desde la seguridad que se vive en unos países poco o nada se percibe de la inseguridad en la que se vive en otros. Una inseguridad impuesta en nombre de la defensa de la humanidad. ¿De la humanidad o de la voracidad de los intereses de unos pocos? Intereses disfrazados de honor, patria y libertad, que permutan el ser por el tener. Intereses que no vemos, que no oímos y que ignoramos, y que nos vuelven en forma de opiniones demagógicas en noticieros, películas, reportajes. El sentimiento de salvavidas del Imperio es puro romanticismo que solo tiene cabida en los guiones de cine, la vida es otra cosa, la vida no tiene huecos para el amor cuando lo que se quiere son riquezas. No hay inocencia alguna. La esclavitud fue permitida, avalada y utilizada por hombres y mujeres que tenían una familia, por hombres y mujeres que ante el frío necesitaban abrigo, por hombres y mujeres a los que el dolor de estómago asomaba ante una indigestión de langosta. Desde hace mucho tiempo seres de carne y hueso dejaron de ser amigos de los pueblos y de sus poblaciones para corromper sus políticas y sus economías. Hoy lo que es tuyo no es tuyo porque yo soy la potencia más fuerte, y si no me ayudas estás contra mí y arremeteré con todo y contra todo. Joan E. Garcés en su libro Soberanos e intervenidos lo explica exactamente, “el Estado miembro de una Coalición bélica está subordinado a la disciplina y autoridad del líder de la misma…”. No es necesario recordar pues a qué potencia estamos subordinados.

Volviendo a la exaltación del Día de la Raza, a esa procesión de las Fuerzas Armadas, ¿cuál es el gasto de un desfile aéreo donde participaron 78 aeronaves, si una hora de vuelo de un Eurofighter es aproximadamente de 43.000€ -por no hablar de que su precio oscila entre los 90 y 150 millones de euros? Sin detenernos a multiplicar salen sueldos para varias generaciones de profesores, médicos, para millones de pacientes, casas sociales para familias desahuciadas, escuelas infantiles… Los presupuestos para el gasto militar son aprobados y aumentados año tras año por los gobiernos de turno sin ningún tipo de consulta popular gracias a eso que se llama democracia representativa. Mientras, vemos cómo disminuyen el de educación o sanidad. Normalizamos lo ocurrido sin preguntarnos el porqué. Nos llevamos las manos a la cabeza cuando se discute la remota posibilidad de una renta básica y universal que garantice la vida digna. Sin embargo, ante el hecho de que sea el dinero público quien paga las maniobras de vuelo al servicio de los intereses del gran capital, no decimos ni mu, y este silencio se traduce en que el dinero de bolsillos pobres está pagando tanto las guerras contra los empobrecidos como la exaltación ideológica de los enriquecidos por un sistema fabricado por y para ellos. ¿Cuánto tiempo debe pasar para que esas decisiones sean sometidas a referéndum? ¿Cuánta historia tendrá que escribirse para que realmente vivamos en un Estado de derecho, derecho a decidir gasto público, derecho a que nos pregunten si queremos o no queremos Rey y familia real, derecho a preguntarnos si queremos o no queremos jugar a la guerra? ¿Queremos gastarnos 90 millones de euros por cada Eurofighter?

En nombre de España se recluta, se entrena y se va a la guerra. Mientras, al otro lado, nuestra península está siendo odiada por aquellos que pierden, y está siendo utilizada por aquellos que ganan. Mientras se siembran odios y enemistades fuera, se generan odios y enemistades dentro. Y cuando un pueblo se atreve a cuestionar la ley por injusta, se activan los mecanismos necesarios para generar un clima de miedo y de excepción, en vez de considerarlo como una oportunidad para mejorar la humanidad. Indirectamente se derechiza al pueblo. ¿Quiénes son los enemigos de la paz? ¿Los catalanes? ¿El Islamismo? ¿Venezuela? ¿Los que no pueden pagar la deuda y expulsados de sus casas son marginados hasta convertirse en marginales? Las fuerzas armadas españolas tienen presencia en los cinco continentes, el poder los convierte en héroes a los ojos de los jóvenes, están protegiendo a la humanidad, nunca hablan de masacre, las masacres siempre las hacen los otros, los ajenos, los enemigos, los malos malísimos, esos que sin misiles ni fragatas ni Eurofighter imponen el caos.

Cuando aquel febrero de 2003 salimos multitudinariamente a decirle al gobierno de Aznar -fiel aliado de la administración Bush- NO a la Guerra contra Irak, nuestras palabras cayeron en el saco roto de la historia. No quisimos subordinarnos a la decisión de un Imperio, pero igualmente fuimos subordinados. Ya había pasado muchas veces antes. Rosa Luxemburgo se opuso a la primera guerra mundial, Muhammad Ali a la guerra contra Vietnam. ¿Qué le habían hecho los vietnamitas? ¿Acaso el racismo había sido erradicado? Se criminalizó el pensamiento entonces y se criminaliza ahora. “Desde las ciencias sociales, economistas, sociólogos, antropólogos, historiadores y filósofos se unen a esta campaña por un mundo sistémico donde pensar en sentido contrario es un acto de terrorismo que debe ser perseguido y condenado. Se trata de una campaña diseñada para justificar la economía de mercado, la explotación y la globalización neoliberal. Son propagandistas de un orden social pre-totalitario que ha criminalizado y puesto en cuarentena la facultad de pensar…” nos dirá el profesor Roitman en su reciente libro La criminalización del pensamiento.

Quizás sea hora de no dar falsos testimonios ni usar el nombre de Dios en vano. Quizás sea el momento de testificar quiénes son los verdaderos enemigos de esta tierra de sol y agua, de bellotas y almendras, de estepas y montañas, de aceite y vino. Quizás ha llegado el momento de preguntar a Felipe VI por qué solo sale por televisión en navidad o para amenazar con sacar al ejército a las calles si sus súbditos osan desafiarle y desobedecen la Constitución. El monarca ha tomado partido, y ¿qué hace el pueblo? Quizás haya llegado el tiempo de permitir y exigir que se cuente bien la historia. Porque si contamos bien la historia, y buscamos las palabras adecuadas, los símbolos adecuados, las cosas ocuparan sus lugares. Entonces, descubriremos el encubrimiento: la sociedad del bienestar que constituye la clase media es esa sociedad endeudada de clase trabajadora cuando hay trabajo, y de clase empobrecida cuando no lo hay. Nosotros somos las trabajadoras, los pobres, las subalternas, los súbditos. No decidimos, no nos dejan hacerlo. Las mentiras no encajan. No es lo mismo tener y acumular y seguir acumulando, que tener para comer y pagar la casa donde viviremos el resto de nuestra vida si es que no perdemos el trabajo antes y la casa después.

Y quizás sea el momento también de preguntarnos ¿por qué si queremos la paz, esa paz perpetua de la que hablaba Kant, y no la paz de los sepulcros, no tenemos la firme propuesta de que con el tiempo el ejército permanente (miles perpetuus) debe desaparecer?

 

[1] http://www.abc.es/espana/abci-ejercito-ensaya-defensa-cataluna-tierra-mar-y-aire-201712130344_noticia.html

* [Foto realizada en la ciudad de Cuenca, Ecuador. 2016]