Era finales de diciembre, estábamos en Bolivia y llevábamos una semana recorriendo en canoa los grandes ríos del TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Secure), visitando sus comunidades. El próximo destino era Charagua, donde investigaríamos la primera autonomía indígena del Estado Plurinacional de Bolivia. El 24 de diciembre llegamos a Santa Cruz y no quedaban pasajes. Tocaba decidir; nos subimos en las últimas plazas de una de las últimas movilidades que partían hacia Vallegrande. Allí pasaríamos los últimos días de 2015 siguiendo las huellas de lo que fue la guerrilla de Ernesto Guevara de la Serna.

IMG_9512El 9 de octubre de 1967 se vio por última vez el cuerpo sin vida del Che en la lavandería del hospital de Vallegrande donde fue expuesto como un trofeo de guerra. Llegó en helicóptero desde el pequeño pueblo de La Higuera donde, se cuenta, un soldado tuvo que obedecer la orden del dictador Barrientos de asesinarlo. Luego de exhibirlo y contarle al mundo que el guerrillero ya era historia, le cortaron las manos como prueba de la hazaña y lo desaparecieron. Casi 30 años después, y tras muchos de búsqueda, en junio de 1997 un equipo de antropólogos forenses cubanos y argentinos encontraron sus huesos en una fosa común junto con algunos de sus compañeros de lucha.

Existe una bonita historia que conocimos esos días, de cómo se encontraron los restos del Che junto al cementerio vallegrandino. Se cuenta que unos amantes estaban cerca del lugar la noche en que se hicieron desaparecer los cuerpos de los guerrilleros asesinados.IMG_4936 Pudieron ver cómo desde un camión arrojaban algo que parecían cuerpos a una fosa. Esta pareja decidió guardar silencio dado el carácter secreto de su romance. Pero ya ancianos y su relación “blanqueada”, contaron al grupo de investigadores dedicado a la búsqueda de los restos lo que vieron, indicando el lugar exacto. Ciertamente se encontraron huesos, pero eran huesos de vaca, lo que llevó a los investigadores a pensar que se trataba de un cuento de dos oportunistas más. Se pusieron entonces a excavar en cientos de lugares, sin encontrar nada. Hasta que volvieron a buscar en el lugar en el cual indicaron los ancianos, y 20 centímetros más abajo de los restos de vacuno se encontraron los huesos de los guerrilleros.

IMG_9494En una tiendita de abastos encontramos a la enfermera, ya jubilada, que afirma lavó el cuerpo del Che en la lavandería, antes de ser expuesto. Nos sentamos frente a ella en un par de sillas de madera que su hijo nos saca. Muy mayor, y envuelta en un riguroso luto por la reciente muerte de un familiar cercano, nos relata cómo ellos no tenían ni idea de quién era el Che cuando llegó su cuerpo; no habían oído nada sobre él ni sabían de quién se trataba, sólo que era un guerrillero. “Lo trajeron en helicóptero y venía sucio, con la ropa muy sucia. Tenía barba larga y pelo también largo”. Ella y las otras enfermeras le quitaron la ropa y lo lavaron. “Tenía sólo 3 disparos”, afirma contradiciendo el informe oficial de la autopsia, “dos ya secos, en el brazo y en la pierna, y otro en el corazón sin orificio de salida que fue el que le produjo la muerte. Le pusimos formol y le vestimos con una especie de pijama muy limpito”. Cuenta que se hizo un intento de hacer una máscara con su rostro, “pero bajo el yeso no le pusieron nada y al retirársela le levantaron el pelo y el cuero. Luego le hicieron otra pero no sé cómo salió porque yo ya no estaba. Había muchos soldados y estaba el Ranger que fue quien dio la orden de disparar”, afirma. Le proponemos si nos podría contar todo esto frente a una cámara. “Por qué no”, dice. Su hijo, que nos ha estado observando detenidamente durante toda la conversación, sentado a nuestro lado, interviene por primera vez para decir que su madre a todos los que vienen a entrevistarla les cobra. Le contamos que somos activistas y trabajamos desinteresadamente pero no hay manera. Nunca hemos pagado por un testimonio, no vamos a comenzar a hacerlo ahora, y menos con la figura del Che de por medio. No volveríamos.

IMG_4643Junto a campesinos de la zona, y en un camión no apto para delicadezas pero sí para humildes bolsillos, pudimos desplazarnos a La Higuera, a unos 60 km de Vallegrande, donde fueron asesinados el Che y sus compañeros por la CIA y el ejército boliviano.

IMG_8857En este entrañable pueblo que nos recordó a nuestras amadas tierras asturianas, pudimos conversar con algunos campesinos y campesinas que vivieron la época de la guerrilla. Gracias a su ayuda, ajena a la mala costumbre de la zona de alimentar los bolsillos a costa de la figura del guerrillero, _MG_8921conseguimos llegar, no sin perdernos un par de veces en medio del monte, hasta La Quebrada del Churo donde fueron atrapados el Che y los suyos, traicionados por algunos lugareños, acorralados y disminuidas ya sus fuerzas, en el que fue el último combate de Guevara.

Fueron varios los motivos de que el Che eligiera Bolivia. En el corazón de América Latina, era un lugar propicio para extender la revolución a los demás países de la región, tal y como pretendía. Consideraba Ernesto que el ejército boliviano no era un ejército muy profesionalizado, por lo que sería más fácilmente vulnerable. El oriente boliviano es un extenso lugar montañoso con pobladores campesinos. A priori un buen lugar para una guerra de guerrillas, con ciertas similitudes geográficas con Sierra Maestra en Cuba, aunque con la diferencia, como señala el sociólogo boliviano René Zabaleta, de que la densidadIMG_9018 demográfica en esta zona del oriente boliviano es muy inferior. Pero nuestro comandante se encontró con varios bretes más que marcaron la diferencia con la experiencia cubana de años atrás. Primero, el Partido Comunista Boliviano, con Mario Monje a la cabeza, les retiró su apoyo. Hay versiones que afirman que, fieles a la burocratizada URSS, que en esa época mantuvo la línea de no respaldar guerrillas en Latinoamérica, el PC recibió órdenes de no apoyar. Los que lo hicieron se salieron de la postura oficial del partido, desmembrándose del mismo. Puede que los varios desencuentros del gigante soviético con el Che también estén detrás de esta falta de apoyo tan fundamental para contar con una amplia base urbana, así como con nuevos cuadros para sus filas. Otra diferencia fundamental con Cuba fueron las características del campesinado de esta zona, dignas de un análisis complejo y detallado. A lo largo del casi año que duró la experiencia guerrillera, los campesinos, atemorizados por el ejército boliviano con sus métodos del terror, la propaganda y la mentira, lejos de ayudar e incluso sumarse a la guerrilla, constituyeron un obstáculo. Finalmente algunos de éstos, en su colaboración con el régimen, y salvo dignas y magníficas excepciones, fueron pieza clave en el descubrimiento de los guerrilleros; aún a pesar de las prácticas de los rebeldes, que pagaban todos los víveres que les suministraban los campesinos, les ofrecían atención médica, IMG_8838curaban a los heridos en batalla del bando contrario y soltaban a sus prisioneros previa explicación de los ideales del movimiento. Puede que el tiempo no fuera el suficiente para que este trabajo calara. René Zabaleta Mercado analiza con más profundidad este asunto.[1] El sociólogo viene a afirmar que un motivo fundamental de que la revolución pretendida por la guerrilla no calara en el campesinado fue paradójicamente la descafeinada revolución nacional boliviana del MNR de años atrás, en 1952, que otorgó tierras y organización sindical al campesinado. Tierras en propiedad que años después la dictadura de Barrientos, títere de EEUU, no tocó, pues se adueñaron de los recursos estratégicos, como la minería, pero dejaron intacta la tierra; sí tocaron en cambio las organizaciones sindicales campesinas, aunque no desmontándolas, sino inteligentemente comprando a sus dirigentes. El caso es que la CIA, percatada de la posible presencia del Che en Bolivia, hace todos los esfuerzos por evitar que triunfe una nueva revolución en el continente. Fuerzas y armas norteamericanas llegan a territorio boliviano para adiestrar y reforzar al precario e inexperto ejército boliviano. Las primeras acciones fueron exitosas para los guerrilleros, lo que subió la moral de los combatientes, pero poco a poco las dificultades fueron creciendo y su número menguando. Tempranamente pierden el contacto con la otra columna, a cargo de Joaquín, y dedican grandes esfuerzos a reencontrarse con ella, cosa que resulta un desgaste teniendo en cuenta que a finales de agosto este grupo sufrió una emboscada al cruzar un río en la cual fallecieron todos, incluida Tania “La Guerrillera”. En los últimos meses, el Che, ante la falta de medicamentos -el ejército descubrió una cueva donde guardaban armas y medicinas- padece intensos ataques de asma. El cerco del ejército boliviano es cada vez mayor. IMG_8944El 26 de septiembre del 67 reciben un duro golpe casi definitivo, donde mueren Miguel, Coco y Julio, la vanguardia, al caer en una emboscada en La Higuera. Guevara y los suyos, ya reducidos en número y con algunos heridos a los que en todo momento protegen, intentan romper el cerco sin conseguirlo. El 8 de octubre, los 17 guerrilleros del ELN que quedan vivos son acorralados en la Quebrada del Churo. Después de horas de enfrentamientos, el Che, que manda salir a los enfermos y se queda con otros aguantando al ejército, es herido en una pierna y apresado junto a Simeón Cuba (Willy), boliviano, y Juan Pablo Chang (el Chino), peruano. _MG_9108-(2)Son conducidos a La Higuera y el 9 de octubre asesinados en la escuelita, convirtiéndose en historia, una historia que habla de derrota pero sobre todo de dignidad y de lucha; una historia heroica y pedagógica que deja a las nuevas mujeres y hombres del futuro la obligación moral de luchar por la liberación de los pueblos que ellos pretendieron y por la cual dieron su vida. Respecto a la decisión de la ejecución del Che, la versión que parece más fidedigna apunta a Barrientos, pues se afirma que la CIA lo quería vivo. Barrientos moriría menos de 2 años después en un misterioso accidente de helicóptero. No todos los miembros de la guerrilla tuvieron un desenlace fatal. Hubo 6 sobrevivientes que consiguieron romper el cerco y 5 de ellos –uno fue abatido por el ejército- lograron llegar a Chile con la ayuda de algunos miembros del Partido Comunista boliviano y del entonces senador Salvador Allende en el país vecino.

IMG_9464De vuelta en Vallegrande nos reencontramos con el espíritu por el que tantos como el Che lucharon y siguen luchando. Una brigada de médicos cubanos nos devuelve la esperanza. Son los encargados, desinteresadamente, de mantener viva la memoria del Che. Tanto en La Higuera como en Vallegrande, pintan, limpian, cortan el césped y realizan las demás labores de mantenimiento de los diferentes memoriales dedicados a aquel hombre que, después de hacer la revolución en Cuba, decidió abandonar la comodidad que tenía junto a los suyos para jugarse literalmente la vida lanzándose a la ardua tarea de liberar a otros pueblos, primero en el Congo y luego en Bolivia.

Paradojas de la vida, anónimamente, como el Che en su día, los médicos cubanos realizan su trabajo y así inevitablemente educan a su entorno, la mejor forma de hacer política. IMG_9454Como nos contaba Gregorio, un campesino de La Higuera, “los médicos cubanos te atienden a cualquier hora, así sean las 4:00 de la madrugada. En cambio los bolivianos acaban su trabajo, se van a su casa y se olvidan”. Salvando las comparaciones, que siempre pueden ser puntuales y no necesariamente hablan de todo el gremio boliviano, tuvimos la ocasión de entrevistar a médicas bolivianas egresadas en Cuba, algunas de ellas de bajos recursos económicos que gracias a las becas cubanas pudieron acceder a una formación y una licenciatura, y todas ellas compartían la visión de la diferencia cualitativa de la educación cubana, cargada de solidaridad y humanismo.

IMG_4807Nuestro penúltimo día en Vallegrande decidimos renunciar a pagar por la visita guiada al Mausoleo del Che, que en realidad es un memorial pues los restos ya no permanecen allí al haber sido exhumados y enviados a Cuba en el 97, donde el Che y sus seis compañeros se encuentran en un mausoleo en Santa Clara en el cual, por cierto, la entrada es gratuita. CuIMG_4814riosidades del destino, cuando nos dirigimos a buscar los pasajes para salir de este acogedor pueblo, junto a un lutier que fabrica bandolinas, charangos y guitarras, nos topamos con Calixto, un antiguo maestro rural que apasionadamente nos comienza a hablar de Guevara y de su historia. Nos enseña su casa, que es un auténtico museo sobre el guerrillero, y nos recomienda que nos acerquemos al memorial del Che por lo menos para verlo desde el cementerio, que linda con él. CambiaIMG_4859mos los planes y seguimos sus recomendaciones, con tan buena suerte que al llegar allí damos con Julia y Tomás, dos niños que nos facilitan la entradIMG_4915a a través de la humilde finca de su abuelo. En el cementerio, el sereno, un entrañable hombre muy mayor que se desplaza con su única pierna y dos muletas de madera, nos acompaña y nos habla de la cantidad de levantamientos que realizaron hasta dar con los huesos de los guerrilleros, así como de muchas otras cosas más que entendemos mal que bien.

Más allá de las siempre seductoras historias del IMG_8881pasado, de figuras y estatuas rígidas que portan cierta memoria pero no siempre educan, lo sin duda más rescatable de nuestra visita a Vallegrande y La Higuera, fue comprobar que el verdadero espíritu de Guevara sigue vivo con esa brigada de médicos cubanos, así como con las doctoras egresadas en Cuba; sin olvidarnos de muchos bolivianos y bolivianas que, como Calixto, se creen realmente la figura del Che y lo que representa y no lo utilizan como un modo de obtener dinero, aprendiéndose la historia como padrenuestros repetidos a cada turista que paga 350 Bolivianos por un viaje guiado de Vallegrande a La Higuera. Y_MG_8959 cómo no acordarnos de Julia y Tomás, y de las extraordinarias familias de Guadalupe o Gregorio, esos campesinos de Vallegrande que conversaron largo y tendido con nosotros sin buscar nada a cambio. Toda persona de bien que se anime a arribar al bello y contradictorio pueblo de La Higuera tiene la obligación moral de hablar con ellos.

[1] Texto “El Che en el Churo”, René Zabaleta Mercado.