«A pesar de Weyler y de Trump el pueblo cubano venció y resistió, y sigue resistiendo día a día, con una incalculable fortaleza, energía y vigor, con osadía creativa, inventando mil posibilidades casi que inexistentes»

30 de agosto de 2026 | Fuente La Jornada

El presidente del Consejo de Ministros, dictador de España y restaurador de la monarquía, Cánovas del Castillo, frente al éxito arrollador de la invasión a Occidente por los independentistas, declaró que estaba dispuesto a mantener el dominio sobre Cuba “hasta el último hombre y la última peseta”. Para garantizarlo, nombró al general Valeriano Weyler, el 10 de febrero de 1896, al frente del ejército español en la isla. Era ya bien conocido por los cubanos, pues desde la primera guerra de los diez años, había fusilado familias enteras, quemado y saqueado poblados enteros. Se llevaría a cabo en esta ocasión una verdadera guerra de exterminio, cuya estrategia central sería “reconcentrar a las familias campesinas” aún cuando ello trajera “miseria y hambre horribles”. 

La invasión a Occidente desde el Oriente de la isla fue una estrategia militar genial diseñada por los generales Maceo y Gómez. El 22 de octubre de 1895 partió de Mangos de Baraguá la columna de mil hombres, partió de ese preciso sitio para dar el mensaje inequívoco de Maceo: nadie negociaría y nadie se rendiría. La Protesta de Baraguá, fue también el nombre que Fidel le puso al Congreso del Partido realizado en pleno periodo especial tras el “desmerengamiento” de la URSS. La columna invasora a escasos tres meses entró en Mantua al otro extremo de la isla, andando 424 leguas. La hazaña trascendió y un veterano de la guerra de secesión dijo: “debemos poner a Gómez y Maceo en la primera fila de la capacidad militar”. 

El objetivo central de la “reconcentración” era cortar los vínculos de sustento y apoyo de los campesinos a la insurrección independentista. Weyler ya se había distinguido en la previa guerra como un eficaz exterminador. Determinó mediante un bando en octubre de 1896 que “todos los habitantes en los campos o fuera de la línea de fortificación de los poblados, se reconcentrarán en el término de ocho días en los pueblos ocupados por las tropas.” Quién no obedeciera sería considerado rebelde y juzgado. Quedó prohibido extraer y circular víveres. Las reses debían ser llevadas a los poblados con tropas. Un testigo presencial escribió que las madres llevaban los hijos pequeños colgados del pecho, seco y sin jugo, para hacerse la ilusión de que lactaban. 

Una anécdota recogida en el libro de Historia de Cuba (1968) narra que el alcalde municipal de Güines, asustado por el pavoroso estado en que estaban los reconcentrados, fue a pedirle a Weyler víveres y medicinas; la respuesta fue contundente “¿Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre?, pues precisamente para eso hice la reconcentración”. Las cifras del número de reconcentrados rondan los 400 mil y de las muertes unos 200 mil. Las fotos que existen de la época son terribles, sólo comparables con los campos de concentración nazis. Muchos historiadores han consignado que Weyler fue el inventor de los campos de concentración. 

El corresponsal de guerra estadounidense, Appelyee, dijo de él: “hombre mezquino, diminuto en todo concepto, acorchado y fruncido, ganoso de fama inmortal sin darle importancia a que su prestigio huela a rosas o estiércol”. Bien podía estar hablando de Trump, un personaje que cabe perfectamente en esta descripción. 

Trump-Weyler es de la misma calaña, regentea a golpes de bandos, prepotente, decide sobre los destinos de pueblos enteros, y muy encarnizadamente sobre el pueblo de Cuba. Igual que Weyler, afirma que es precisamente para que se rindan por hambre y enfermedades que ha impuesto el cerco total. Es increíblemente vergonzoso que todos en el mundo acaten los bandos cavernarios en pleno siglo XXI. Hay 7 mil contenedores pagados, llenos de medicinas y alimentos detenidos en República Dominicana y no hay un solo barco de país alguno que ose recogerlos y llevarlos a buen puerto en Cuba, al cual también se le pagaría el servicio de transporte. 

Es inmoral y diría que indecente que países que se ufanan de democráticos y desarrollados acepten el bochornoso papel de comparsas mendigantes frente al desparpajo de aranceles que todos los días va blandiendo el moderno Weyler, las amenazas de anexiones absurdas, los cambios de denominaciones, las amenazas y bombardeos, los asesinatos en el mar y en sus calles, las deportaciones y encarcelamientos brutales. Acusado de pedofilia y de instigar un golpe de Estado, sigue impune. 

Pero a pesar de Weyler y de Trump el pueblo cubano venció y resistió, y sigue resistiendo día a día, con una incalculable fortaleza, energía y vigor, con osadía creativa, inventando mil posibilidades casi que inexistentes, con determinación enfrentando el día a día, sin luz a veces por dos días, sin agua, pues las bombas no funcionan sin luz, sin servicios básicos, en una gesta que pocos podríamos realizar. Decidido, hoy ese pueblo debate y discute sobre las nuevas medidas adoptadas por la Asamblea del Poder Popular, espera un horizonte nuevo tal vez, nosotros pediríamos un horizonte humanitario y solidario para tan recio pueblo.