
EN BUENOS AIRES, NADIE LLORA A «MARICARMEN»
Por Guillermo Cieza
«Los vecinos porteños son los abanderados de la defensa de la propiedad privada, aunque más del 40%, no son propietarios del lugar donde viven. Alquilan, sometidos a las leyes de alquileres más desalmadas del mundo»
13 de octubre de 2026 | Fuente: Huella del Sur
En Madrid, 20.000 personas, marcharon por María del Carmen Abascal, una jubilada de 87 años que fue desalojada de su vivienda donde residía desde hacía 70 años. Seguramente fueron muchos más, la cifra de convocados es la que dio el municipio gobernado por la derecha. En la Argentina, todos los días hay una “Maricarmen”. Familias enteras que viven en la calle, jubilados que se suicidan porque no pueden pagar sus deudas, desalojos exprés de viviendas con amedrentamiento policial incluido.
El intendente porteño, Jorge Macri, no solo no se conduele por esas víctimas. Hace política con su decisión de “limpiar la ciudad”, de barrer al que, como decía Chico Buarque en su memorable “Construcción”: murió a contramano, entorpeciendo el tráfico.
Milei, Adorni y Macri ganan elecciones en Buenos Aires porque esa ciudad es una cueva de nazis donde pocos, muy pocos, resisten manteniendo algunos rasgos de humanidad y de solidaridad. El resto son imbéciles enchufados a las redes sociales, que viven engañados por personajes de poco talento y que alimentan su odio a los pobres, y su gorilismo visceral.
Los vecinos porteños son los abanderados de la defensa de la propiedad privada, aunque más del 40%, no son propietarios del lugar donde viven. Alquilan, sometidos a las leyes de alquileres más desalmadas del mundo. Según Inquilinos Agrupados, uno de cada tres familias que alquilan hoy estan en emergencia habitacional. Adeudan, están en mora o a punto de ser desalojados.
Sin embargo la mayoría de los porteños, como las ratas de laboratorio, se enorgullecen de su supuesta superioridad genética. Solo se sienten argentinos para discriminar a “bolitas” o “paraguas”, pero se autoperciben del primer mundo: hijos o nietos de inmigrantes blancos y europeos.
La mayoría de los porteños están convencidos de que, por el lugar donde viven, su función es la de ser administradores, gerentes, descubridores, luminarias, o dirigentes y ese destino manifiesto está por encima aún de sus preferencias políticas: neoliberalismo, conservadurismo, progresismo o izquierdismo. Alguno reconocerá esa evidencia, pero dirán que no es su culpa: nada puede esperarse del atraso de las provincias o el infierno del conurbano.
A los habitantes de Buenos Aires les gusta compararse con los de otras grandes ciudades del mundo. Pero ocurre que, en CABA, hace 20 años que gobierna la derecha. No sucede lo mismo en Londres, Paris o Nueva York. En Londres, el alcalde es Sadiq Khan, su padre era conductor de autobus. Pertenece al Partido Laborista y su familia es origen paquistani. En Paris, el alcalde es Emmanuel Grégoire, es miembro del partido socialista y fue apoyado por una coalición de socialistas, ecologistas y comunistas. En Nueva York, el alcalde es Zohran Mamdani, nacido en Kampala (Uganda) y es miembro de la organización Socialistas Democráticas de América, que es parte del ala izquierda del Partido Demócrata.
En ciudades multiraciales y cultas es lógico que se vote a políticos con posiciones progresistas. En ciudades como Buenos Aries, la mayoría vota a la barbarie disfrazada de “argentinidad de bien”.
En Buenos Aires miles viven en la calle, crecen los suicidios y los desalojos. Pero la deshumanización se ha naturalizado. Y, como decía Tato Bores, muy pocos se escapan a “la máquina de cortar boludos”.





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