Un paso adelante

Por Guillermo Cieza

Cuando a principios de julio regresé a Venezuela, me tropecé con la pregunta sobre cómo se estaba viviendo en la Argentina, en distintas oportunidades y con los interlocutores más variados. Mi respuesta fue casi siempre la misma. “Por ahora, mejor que en Venezuela, pero vamos para peor”.  Y cada cual se quedó con la parte de la respuesta que le convenía. Los escuálidos con la primera parte y los chavistas con la segunda. Dos meses después creo que se ha confirmado aquello de que hoy en la Argentina estamos viviendo peor que en Venezuela, por lo que sucede hoy, pero también por la perspectiva. La Argentina está desbarrancándose hacia un abismo económico y Venezuela está saliendo de su peor momento. Cualquier encuesta realizada a las poblaciones de esos países sobre sus expectativas para el próximo año confirmarían ese diagnóstico.

Empecemos por analizar el tema puesto en primer lugar por las agendas mediáticas, que es la cuestión de la emigración de sus ciudadanos. Estados Unidos y sus satélites están tratando de utilizar este tema argumentando que la migración venezolana está “desestabilizando  el continente”, para justificar una invasión “por motivos humanitarios”. Desde los números,  el argumento parece endeble. Algunas agencias que contabilizan migraciones dicen que se han ido de Venezuela un millón seiscientos mil personas, otras, y el gobierno bolivariano, solo reconocen seiscientos mil. Cualquiera de esos números es inferior al desplazamiento de colombianos que huyeron de la guerra, la miseria y el narcotráfico, de los cuales, solo en Venezuela se asentaron cinco millones seiscientos mil. Es inferior también a los migrantes de Uruguay, el país de Luis Almagro, Secretario de la OEA, donde además los migrantes representan un porcentaje mucho más alto de la población. Pero además, como les ha ocurrido a la derecha con otros temas que agitaron, llegan tarde.  A partir de los últimos anuncios económicos la migración ha empezado a menguar y se acentúa el regreso de venezolanos al país. Si se miran las tendencias, lo que va empezar a crecer son los contingentes migratorios de Argentina, Brasil, Ecuador y Perú, y a disminuir los venezolanos. El hecho de que hoy estén regresando al país aviones completos fletados por el gobierno, creando el extraño suceso que quienes supuestamente huyeron de una dictadura le pidan al dictador que los traiga de vuelta, podría atribuirse a una maniobra publicitaria del gobierno, pero hay datos duros que muestran lo que ocurre en muchas empresas donde trabajadores que renunciaron y se fueron al exterior, están pidiendo ser reincorporados.  Más allá de lo que se discuta mediáticamente, hoy el pueblo venezolano juzga al que vendió todo y se fue como un “cabeza caliente”, como a personas de poco seso.

Las medidas económicas están dirigidas en primer lugar a que el gobierno pueda recuperar autoridad  para intervenir en la economía, algo que pareció bastante ausente a partir de que se resolvió el conflicto con las guarimbas con la instalación de la Asamblea Constituyente.

En lo que hace a salarios, en una situación de desmadre económico y proceso de hiperinflación que redujo el salario mínimo a un dólar, se toman medidas que combinan la autorización a una nueva devaluación, pues para calcular el valor del petro se toma el valor del dolar today (seis millones de  bolívares fuertes por un dólar) y no el que funcionaba en la economía real que era más bajo,  combinada con un aumento que eleva el salario en 36 veces. Descontada la devaluación, hay una recuperación efectiva del salario  que se multiplica por  18.

Cuando empezamos a conocer la lista de los precios acordados con los empresarios se advierten que los ingresos salariales todavía no alcanzan para adquirir una canasta básica de productos, pero van a estar mucho más cercanos. También en el mismo tema se aplana la pirámide salarial en la administración pública estableciendo una relación de 1 y 1,5  entre los que más y los que menos cobran.

En lo que hace al precio de la gasolina y ante la evidencia que alrededor del 75 % del combustible circulante que abastecía a los estados fronterizos de Zulia y Táchira se iba por contrabando a Colombia, se eleva el costo a precio internacional y se da subsidio directo a los usuarios a través del carnet de la Patria. Se calcula que por este medio se está combatiendo una evasión de alrededor de diez mil millones de dólares anuales.  Los cambios operados en la comercialización de la gasolina permiten también recuperar capacidad de control al gobierno sobre el transporte público, que nacido a partir de subsidios y créditos de la revolución, derivó en mafias que no respetaban frecuencias, horarios, ni tarifas.  También afectará directamente a uno de los delitos más comunes en Venezuela que es el robo de automotores. El tercer aspecto, que no es menos importante, es el respaldo que se da al bolívar soberano en el petro y, por su intermedio en las reservas de petróleo. Con esta medida, Venezuela confirma una orientación que venía perfilando desde cuando empezó a cotizar el petróleo en yuanes, de despegar su economía del dólar. Esta es una decisión que se corresponde con una tendencia de avanzada y cada vez más fuerte en el mundo. Es el camino que transitan las principales potencias emergentes China, Rusia e India, pero también otros países como Turquía, Paquistán, Bielorrusia, Irán, Irak,  Salvador, etc.

El aspecto más preocupante de este giro económico es que supone un realineamiento de las alianzas internas.  Al fallecer Chávez aparecían tres grandes actores en esas alianzas. El Estado a través de sus empresas, un sector nuevo de la burguesía nativa generado a partir del manejo del Estado, que podría calificarse como empresarios amigos (y en algunos casos testaferros) de dirigentes de la revolución, a los que se los denominó “boliburguesía”, y “las Comunas”, de poca incidencia productiva, pero con mucha potencialidad de crecimiento, y en las que el propio Chávez puso sus mejores esperanzas. Por eso aquello de Comuna o Nada, del Golpe de Timón. De 2015 en adelante puede advertirse en las políticas oficiales una tendencia  de desplazar al sujeto comunero, reemplazándolo por un nuevo actor que es la burguesía local hacia el cual se ha ejercido una sostenida política de seducción. Esa burguesía local, tiene antecedentes políticos nefastos por haber estado comprometida en el golpe de Estado de 2002 y todas las administraciones anteriores de la IV República. También antecedentes económicos pésimos por su ineficiencia y parasitismo, como lo han venido demostrando trabajos muy viejos de investigación económica (como “Venezuela Violenta” de Orlando Araujo)   y lo confirman trabajos más recientes.  Ese sector que aparece como “nuevo mejor amigo” y donde  grupos como La Polar y El Tunal, son muy representativos,  es el que se reúne con el Presidente y es convidado a ser parte de los nuevos tiempos de Venezuela. En un momento en que la derecha política se ha quedado  sin más cartas que promover una invasión extranjera, que buena parte de la burguesía local  se reúna con el presidente habla de un quiebre significativo en las derechas venezolanas y da un mensaje muy fuerte hacia el exterior.  Sin embargo la participación de la burguesía local en estas reuniones no es gratuita. Lo que hace unos años se expresaba en declaraciones que parecían extemporáneas y eran inmediatamente censuradas, como las que hacía el Ministro Miguel Abad de “volver atrás con algunas expropiaciones”, han pasado a convertirse en necesidad de Estado, “ante la ineficiencia de algunas empresas”.  Quienes hoy promueven esa política, los empresarios Tarek El Aissami y Wilmar Castro Soteldo, son parte de la mesa chica del Presidente. Lo de la ineficiencia de esas empresas no es novedoso, lo que es novedoso es que se nombre a gerentes o administradores destinados a terminar de vaciarlas para después privatizarlas, como denuncian los trabajadores de Lácteos Los Andes. Es novedoso también que experiencias extraordinarias como las Batallas Productivas que convocaban a cientos de trabajadores que se comprometían en forma gratuita a reparar y poner en marcha secciones de fábricas, elevando la capacidad productiva  de empresas del Estado o en manos de los trabajadores, sean desarticuladas desde el propio Ministerio de Industria.

¿Los nuevos realineamientos son un retroceso táctico doloroso pero indispensable para enfrentar una crisis aguda?  ¿O se trata de una postura estratégica, que debe irse sincerándose de a poco, gradualmente, para no entrar en conflicto con lo que queda en la conciencia del pueblo del mandato de Chávez?

En todo el proceso bolivariano el papel jugado por el pueblo venezolano,  ha sido decisiva.  Fue  la mayoría del pueblo la que permitió llegar al gobierno a Chávez y garantizar una continuidad política por 18 años y con más de 20 elecciones. Fue la decisión del pueblo chavista la que posibilitó derrotar al golpe de Estado. Fue la decisión del pueblo chavista y no chavista la que derrotó a las guarimbas y permitió la instalación de la Asamblea Constituyente. Fue ese mismo pueblo el que soportó momentos de escasez, hiperinflación y de colapso de los servicios públicos sin provocar hechos de violencia masiva, en paz. Ha sido ese mismo pueblo el que salió a sembrar con las uñas, a producir en los campos, a plantar en tierras baldías y en sus patios, y el que hoy sale a controlar los precios.

Ese pueblo fue subestimado muchas veces por la derecha y por eso han ido de fracaso en fracaso. Quienes desde el gobierno, desde distintos intereses o intenciones, suponen que pueden convertir a la democracia participativa y protagónica en una palabra muerta, también subestiman al pueblo. Quienes desde la izquierda dan por muerta y enterrada a la revolución bolivariana, también lo subestiman.  Por eso creo que las preguntas planteadas con respecto al carácter táctico o estratégico de este cambio de alianza, no corresponde responderla a quien esto escribe, sino que las tendrá que responder el pueblo.

Caracas, 6 de setiembre de 2018