No es fuego sino capitalismo. No es casualidad sino causalidad. No es azar sino conspiración. La maquinaria infame de la historia arremete contra cielo y tierra, contra pulmón y semilla, contra raíz y rama. Poco le importa lo natural, lo divino y lo humano. La historia del capitalismo es la historia de la violencia, por eso nada sabe de fuego popular y es versada en guerra incendiaria, en brasa destructora de humanidad, de naturaleza animal o popular. No es casual que la infamia sea experta en fuego aniquilador de vida, fiel amante de la hoguera vil. Desde la Inquisición hasta el Ku Klux Klan o más recientemente la oposición venezolana, la misma que enaltecen voceros oficiales y documentados, se valieron de la hoguera para quemar vida, para abrasar y arrasar el fuego metafórico e indocumentado de la historia, ese que se alimenta de fogón de pueblo, de brasa creadora. 

Hablando de fuego y capitalismo, nos vienen a la memora los relatos de tantas voces amigas que en estos días en Venezuela nos echaban el cuento sobre las actuaciones de los guarimberos en aquellas jornadas infames de 2017. “Estuvimos al borde de una guerra civil”, comenta el compañero Ángel Osiel. Es muy revelador subir a los barrios de Caracas, conversar con la gente que convive con malandros (delincuentes) y constatar dolorosamente cómo entre las hordas de guarimberos que ocuparon las calles en aquellos días de terror estaban esos jóvenes de sectores históricamente empobrecidos, reclutados a cambio de droga o dinero venido del norte. Junto a ellos, grupos entrenados por organismos de la derecha para desestabilizar al gobierno y al movimiento popular. Como nos relata el escritor José Roberto Duque, entre los actores de la guarimba encontramos “delincuentes comunes, activistas de partidos de extrema derecha, elementos con entrenamiento militar. Y, por un rato, ciudadanía sin criterios estratégicos: el ser humano descontento que cree poder derrocar a un gobierno trancando calles y quemando basura. Estos últimos entran en acción al inicio de las manifestaciones, pero en dos o tres días se cansan o desmotivan y abandonan la ‘lucha’. Entonces quedan los otros prolongando los disturbios”. Los directores de orquesta a unos metros, a salvo en complejos residenciales donde practican el “american way of life”. Sus instrucciones eran claras: generar caos y violencia. Asesinar. El objetivo: desestabilizar al gobierno y al movimiento popular. Provocar la ingobernabilidad para justificar una acción mayor o generalizar el descontento hacia el proceso y alentar un levantamiento de masas. Sus acciones fueron concisas. Miles de heridos. Casi 200 muertos. Más de 30 personas quemadas vivas.

Dinoskar Jiménez, ex adolescente trabajadora hoy colaboradora de la Corenats Venezuela, nos relata desde sus vivencias aquellos días de terror en Barquisimeto. “Yo en aquel tiempo estaba viviendo en una zona donde la violencia fue bastante difícil, bastante dura. Me tocó presenciar cuando quemaban a los guardias. Atraparon a dos guardias, les quitaron la ropa, los rociaron de gasolina, los prendieron en candela,… y una con la impotencia, porque no podías hacer nada. Nos tocó ver cómo una compañera moría producto del foco de violencia, cómo un compañero era golpeado por llevar una gorra tricolor del 4F. Me tocó ver cómo llegaba la camioneta de la gobernación cuando en ese tiempo el gobernador era Henry Falcón, quien el 20 de mayo se midió en las elecciones con el compañero Nicolás Maduro, a equipar a los guarimberos con gasolina, cauchos, hachas, alimentos. Ver al alcalde Alfredo Ramos llegar en la camioneta y financiar a esos grupos. A bandas de malandros que ellos contrataron, que les financiaron armamento, municiones,… Había miedo en las instituciones porque llegaban y quemaban. Nos tocó presenciar cómo intentaron quemar el CDI de La Floresta (centro de médico de barrio), pero no lo lograron porque la comunidad se activó y salió a defenderlo. Quemaron escuelas aquí. Quemaron la sede de la Misión Nevada (protectora de animales). Fueron momentos muy difíciles, de mucho temor. A un hombre de oposición le quemaron la camioneta cuando estaba pasando. A ellos no les importaba si tú eras chavista, eras verde, eras blanco, ellos lo que querían era generar un foco de violencia, era seguir reprimiendo a este pueblo”. La vida de Dinoskar es una historia en sí misma. Llegaremos a ella más adelante. En una ocasión le hicieron un vídeo documental contando esa historia. Entre otros lugares, fue proyectado en los autobuses de transporte público de la ciudad. Un día, pasando junto a las guarimbas, una mujer la reconoce y grita: “¡Esta es chavista, es la que aparece en el Transbarca, vamos a quemarla!”. “O corro o me matan, dije yo, porque aquí no tengo otra opción. Yo los sentía cerquita, sentí cómo me buscaron agarrar de la camisa”. Nuestra querida compañera afortunadamente logró escapar gracias a la ayuda de un hermano, que en esos días solía ir a buscarla en moto al trabajo precisamente por cuestiones de seguridad. “Ese día fue un día difícil. De los mismos nervios yo convulsioné, me dio una convulsión, temblaba,… porque yo ya había presenciado cuando golpearon al compañero o cuando quemaron a los guardias”.

Jair Bolsonaro prometió durante su campaña electoral reactivar la economía mediante la explotación del Amazonas. Hoy la Amazonía arde bajo el fuego infame de la historia. Más de 600.000 hectáreas calcinadas en 18 días. Más de 33.000 incendios en la Amazonía brasileña en lo que va de año. La deforestación se multiplica por cuatro durante el gobierno de Bolsonaro. Éste culpa a los ambientalistas. Ecuador exige actuar contra los incendios. Mauricio Macri se muestra “alarmado y conmovido”. La hipocresía se desparrama entre el poder decadente. El pulmón de la Tierra arde. El pueblo brasileño hace sonar sus cacerolas en las calles. Deforestación. Terratenientes. Hacendados. Soja. Ganadería. Industria forestal. Agronegocio. Minería. Extractivismo. Acumulación. Coca-Cola, Bayer-Monsanto, Nestlé, Syngenta Vale, Cargill,…  No es fuego sino capitalismo. Pero vayamos más allá. La NASA, agencia del gobierno de EEUU, difunde a los medios de comunicación masivos imágenes satelitales de la Amazonía en llamas. Bolsonaro, aliado de Trump y fiel vasallo del imperio, mediante el decreto de “Garantía de Ley u Orden” anuncia que enviará al ejército a combatir los incendios. ¿Qué está sucediendo? ¿Control militar del territorio? ¿Con qué propósito? ¿Qué tipo de ayuda es la que ofrece Macri y para qué? Cuando EEUU recrudece su guerra no convencional contra Venezuela por el control de los recursos, Bolsonaro pone en marcha un decreto que permite al ejército desplazarse por zonas fronterizas supuestamente para prevenir delitos ambientales.

Cuenta la mitología griega que Prometeo robó el fuego a los dioses para entregárselo a los mortales. Por ello fue castigado por Zeus. Aunque un águila devoraría las entrañas de Prometeo eternamente, el fuego quedó para siempre en la orilla humilde de la historia. Pobres ilusos quienes creyéndose dioses trataron de nuevo de apropiarse del fuego. No saben que la llama de la vida seguirá brotando con su verde tallo, con sus alas de mariposa, con su maíz y con su pájaro, con su hoz y con su páramo. Desconocen que el fuego alimenta plebeya llama. Olvidan que el fervor popular arde en nuestro seno. Que la llama nació de la vida, fue amamantada por manos artesanas, sabe a leña, jojoto y caldero y tiene aliento de pueblo.