«Un formador de futbolistas, decía que hoy los niños no aspiran a ser futbolistas profesionales, quieren ser Cristiano Ronaldo. Admiran su fama, su dinero, su avión particular, sus bellas novias. Su poder»

16 de febrero de 2026 | Fuente: La Vida en orsay

Estaba yo escuchando un programa de música, en Madrid, más que nada para saber qué música emociona a los jóvenes, mis hijos entre ellos, cuando de pronto el locutor anuncia que dará una noticia que nos llenará de felicidad. El hombre, con agudo sentido del suspenso, dejó pasar dos o tres canciones para después anunciar la noticia feliz. Dijo: «lo que voy a decir es para que nos sintamos orgullosos de ser españoles» y sin más preámbulos largó la noticia: «Amancio Ortega acaba de ser declarado el hombre más rico del mundo».

Si obviamos la llamativa estupidez del locutor musical, si dejamos de lado cualquier otra consideración que nos provoca semejante bobada, podemos descubrir con toda claridad los entresijos del capitalismo, del modo de vida que sugiere, de los valores que transmite; todas cuestiones que tal vez, o sin tal vez, el eufórico locutor ignora por completo aunque sirva de correa de difusión de ese pensamiento.

Voy a tratar, sin ninguna pretensión, de hacer un análisis sociológico para lo cual no me siento capacitado, de ir exponiendo lo que esa «noticia feliz» me sugiere.

En primer lugar, lo que se desprende del anuncio es que ser muy millonario es un valor al que aspirar. El mayor valor, lo que está más valorado de todas las cosas.

Después que no solo ser muy millonario es suficiente, hay que ser el más millonario de todos los millonarios del mundo. O sea ganarles a todos. Competir y ganar, en eso consiste el sentido de la vida para el capitalismo.

También que si alguien de mi nacionalidad consigue un triunfo de ese calibre, debo sentirme implicado, es decir sentirme yo también un triunfador. En cambio si pierde, de ninguna manera me debo sentir implicado. Ganar es respetable, lo único respetable, perder es despreciable.

Como Amancio Ortega fue en un momento el más millonario del mundo, un ganador universal en la competencia más valorada, todos los españoles deben sentirse también ganadores, aunque su sueldo no les alcance para llegar a fin de mes. Es un motivo racial de orgullo. Amancio Ortega los representa a todos y es, además, el ejemplo a seguir. Sí, un ejemplo porque se trata de un español que empezó vendiendo chucherías en la calle y poco a poco, ahorrando, invirtiendo inteligentemente, fue acumulando una fortuna tal capaz de encaramarse en la cima.

El que no es Ortega, nos viene a decir el capitalismo muy sutilmente, es porque no quiere o porque no tiene la suficiente capacidad. O sea, todos podemos ser Ortega si nos lo proponemos. Somos «libres» para eso. Este es un sistema de libertad, Amancio Ortega es el ejemplo.

RICOS Y FAMOSOS

Uno de los slogans publicitarios de la lotería nacional, en España, no hace mucho, si mirábamos entre líneas, también nos revelaba los objetivos a los que hay que aspirar o mejor dicho, los objetivos que el capitalismo nos propone conseguir como los máximos logros.

Decía: Compre lotería, será rico y famoso.

En otras palabras, ser rico está muy bien, es una de las metas que tenemos que alcanzar, pero no alcanza. Para ser plenamente un triunfador, la fama es imprescindible.

Un formador de futbolistas, decía que hoy los niños no aspiran a ser futbolistas profesionales, quieren ser Cristiano Ronaldo. Admiran su fama, su dinero, su avión particular, sus bellas novias. Su poder.

Un tango dice que la fama es puro cuento si uno «anda mal y sin vento». Podemos deducir que si uno anda bien y tiene dinero, la fama lo completa, sería un ganador absoluto.

Para el pensamiento capitalista la sociedad no se divide en clases sociales, no hay opresores y oprimidos, sino ganadores y perdedores. Los perdedores lo son por su culpa. Son perezosos, poco inteligentes o directamente vagos que no les gusta trabajar. El sistema, nos dicen, es igual para todos. Todos tenemos las mismas posibilidades. Ser Amancio Ortega o Cristiano Ronaldo está al alcance de cualquiera.

MORALEJA

Yo creo que de vez en cuando es necesario hacer una pausa, como en el fútbol, para repensar dónde estamos y cómo seguir. El capitalismo tiene las mejores armas tecnológicas para inculcar su modo de vida. No improvisa. Además dispone de auténticos laboratorios con psicólogos, sociólogos, expertos en comunicación, periodistas y colaboradores para incesantemente tratar de que «las ideas de la clase dominante, sean las ideas dominantes», como advertían Marx y Engels.

Nos roban nuestras palabras: libertad, democracia, cambio, sistema, etc. y les dan otro significado, confunden, embarran la cancha y logran despolitizar, desanimar, anular el pensamiento. Finalmente las víctimas votan a sus verdugos y el fascismo se apodera de todo y de todos. Y como decía Umberto Eco «cuando llegue el fascismo no dirá soy el fascismo, dirá soy la libertad».

La seguimos.

*Ángel Cappa es exfutbolista argentino, entrenador, licenciado en Filosofía y Psicopedagogía, escritor y autor con Marcos Roitman del libro "Fútbol y política. Conversaciones desde la izquierda" (ed. Akal)