Por Gilberto López y Rivas

«“Nación es una comunidad humana estable históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de sicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura”».

27 de junio de 2026 | Fuente La Jornada

La cuestión nacional debe ser comprendida a partir de tres elementos fundamentales: en primer término, la composición clasista de la nación; esto es, qué sectores sociales mantienen la hegemonía, dirigen sus destinos, de qué manera los grupos dominantes logran el consenso ideológico-político de la sociedad nacional en su conjunto. Esta lucha constante incide en la naturaleza de las relaciones de todo el conjunto de las clases sociales con respecto al territorio, a sus recursos naturales y estratégicos, a la política económica, al Estado y sus instituciones, al ejercicio de la violencia considerada legal, etcétera. 

Así, la cuestión nacional implica necesariamente el análisis de las relaciones y las luchas entre las clases que constituyen y le dan contenido a la nación. En segundo lugar, tenemos el problema de la nación y los diferentes sistemas subordinantes mundiales. Las naciones no viven en un vacío económico y social, sino que están insertas dentro del sistema global que dinamiza, que da forma y determina sus destinos, como es el caso de naciones sujetas a la órbita neocolonial o imperialista. Un tercer componente fundamental es el conformado por la diversidad étnico-lingüístico-cultural de la nación. En este sentido, la gran mayoría de las naciones capitalistas no son homogéneas en la conformación nacional y étnica de su población. Estos tres elementos son fundamentales para lo que podría ser una perspectiva integradora de la cuestión nacional. 

El eje central de lo expuesto es el concepto de nación, que el marxismo ha tratado desde una perspectiva fundamentalmente política. Marx, Engels, Lenin, Rosa Luxemburgo, José Stalin, desarrollaron el debate en torno a la nación y la cuestión nacional a partir de necesidades derivadas de las luchas revolucionarias concretas que requerían de soluciones inmediatas. Esta polémica se encontraba inmersa en la necesidad de contar con una plataforma programática, con un proyecto de nación de nuevo tipo que finalmente se consolidó con el triunfo de la Revolución soviética de 1917. 

Precisamente, hace algunos años, cuando se hacía necesario emprender la investigación sobre la cuestión nacional, una referencia obligada era el trabajo de José Stalin El marxismo y la cuestión nacional. Este escrito constituía el ABC para el neófito, en parte por algunas de sus características, la forma pedagógica-escolástica de la redacción, que la hacía de “fácil acceso” para entender un tema tan complejo, recordando el contexto político en el que Stalin escribe este trabajo: una época de grandes conflictos nacionales que amenazaban con fragmentar el Partido Socialdemócrata en un sinnúmero de corrientes nacionales. 

En la Rusia zarista convivían más de un centenar de naciones, nacionalidades y grupos étnicos. Se daba una problemática política sumamente compleja y difícil. De aquí que fuese importante dilucidar las características esenciales del concepto: “Nación es una comunidad humana estable históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de sicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura”. Pese a las críticas, Stalin plantea elementos fundamentales, a los cuales habría que agregar que la nación surge en el periodo específico de expansión y consolidación del capitalismo. 

¿Cuáles son las críticas que podemos hacer a esta definición de carácter descriptivo?; Stalin enumera rasgos característicos de la nación: lengua, territorio, economía y cultura, sin explicar sus interrelaciones; sin especificar, por ejemplo, cómo es que la lengua se articula con los procesos económicos propios del mercado capitalista; o las relaciones entre la lengua y las formas ideológico-políticas de la burguesía; o cuál es la relación entre territorio, vínculos económicos y la integración cultural propia del capitalismo. De la misma manera, Stalin no abre la posibilidad de que la nación, como fenómeno histórico, pueda cambiar y desarrollarse bajo otros sistemas, como el socialismo, en el que se estructura un nuevo tipo de nación. Para Stalin parece haber una unidad insoluble entre nación y burguesía, o entre nación y capitalismo. 

Por otro lado, la definición estalinista no toma en cuenta un elemento fundamental para la comprensión del fenómeno de la nación; la lucha de clases. Incluso cuando se afirma que hay una comunidad de cultura parecería que no existen diversas y conflictivas expresiones culturales dentro de la nación; que no existen, como afirmaba Lenin, “dos naciones” desde el punto de vista cultural, refiriéndose a la cultura proletaria en franca oposición a la burguesa. La nación se forma a partir de las clases, a partir del establecimiento de un sistema de hegemonía y la posterior batalla por establecer nuevos sistemas. Es un hecho innegable que en el interior de la nación coexisten diversos proyectos nacionales que expresan los intereses políticos y económicos de las clases en conflicto.